viernes, agosto 30, 2013

SEVILLANAS ANTOLÓGICAS (XII)

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ROCIERO DE ALPARGATAS.- En un LP (el de 1,975) en el que Amigos de Gines se consagra definitivamente con dos sevillanas míticas que ya hemos visto en su momento (la del adios y sueña la margarita), esta “Rociero de alpargatas” pasó un poco desapercibida pese a ser una sevillana de gran profundidad, en la línea de las sevillanas de reivindicación social que habían caracterizado al grupo desde sus inicios.

Su autoría, como la mayoría de sevillanas del grupo en esta época se debe a Gabriel Hurtado.

                                     


Bendito sea el rociero sin posturas ni maneras.







SEVILLANAS DE MANUELA.- En el disco de 1.975 de Los marismeños destacaron dos sevillanas, ésta y la que reseñaré a continuación. Las sevillanas de Manuela, obra de León, Clavero y Pareja-Obregón es una sevillana sin mayor trascendencia. Una más de tantas que canta a una mujer y le dice cosas realmente bonitas. Una sevillana bailable que gozó de buena popularidad en su momento.

Tus ojos tienen un brillo, que me dan “puñalaitas”, al igual que dos cuchillos.







  UN MILAGRO EN EL ROCÍO.- Esta sevillana de León, Clavero y Quiroga es una de las más conocidas de Los marismeños y aunque es cierto que su letra toca un tema que a mucha gente le parecerá desfasado hoy en día, no deja de ser un clásico; una sevillana de esas que todo aficionado debe de conocer, porque además ocurre que más allá de que a usted le guste poco o mucho su letra es una sevillana extraordinaria.



                          

Y no olvide que la fe mueve montañas.






RÍO GUADALQUIVIR.- La pista 1 del LP de Romeros de la Puebla del año 75 fue todo un exitazo. Sevillana dedicada a nuestro río que se cantó profusamente en la Feria de ese año.

                                 


La música es de Moya, como no podía ser de otra forma, mientras que la letra es de Juan de Dios Pareja-Obregón, quien adquiere una significación especial en este LP en detrimento de Aurelio Verde, que desaparece totalmente este año, mientras que Martín Vega Sanz vuelve a entrar repartiéndose con Juan de Dios la autoría de todas las letras del LP.






DÍA DE "TENTAERO".- Pista 2 del mismo disco anterior, esta sevillana describe, tal y como su propio nombre nos dice, un día de “tentaero”. Es especialmente significativa la letra de esta sevillana, totalmente plagada de términos propios del tema sobre el que versa, y cuya autoría debemos también a Juan de Dios Pareja-Obregón, quien nos deja una buena muestra de sus conocimientos del mundo del toro en general y de los tentaderos en particular.

                                      


No se preocupe; en Internet podrá encontrar todas las definiciones de aquellas palabras que no entienda.








DE AQUELLOS TIEMPOS.- Juan de Dios Pareja-Obregón pone letra también a esta sevillana, dándonos otra vez una buena muestra de sus conocimientos del mundo rural.

Una sevillana preciosa. Un clásico que, probablemente, por su belleza debió de haberse contado entre las sevillanas míticas y que seguramente he debido de dejar para el apartado de sevillanas incomprendidas, ya que me parece una sevillana muy muy grande, y a pesar de ello no fue de las más estimadas a nivel popular. Pero no he podido resistirme a la tentación de dejársela ya, para que la vayan disfrutando y no tengan que esperar.

                                                   


En aquellos tiempos fumaban tabaco negro y eran hombres tan cabales, que se les veía de lejos su respeto y sus modales.






LAS TRES MORENAS.- Como hemos visto, Los romeros de la Puebla fue el grupo que de verdad puso animación a este año 1.975, año en que intérpretes tan acreditados como El Pali, Los de la trocha, Los Doñana y hasta los hermanos Reyes no vienen a este apartado de Sevillanas antológicas.

“Las tres morenas” es obra correspondiente a la pluma de Martín Vega Sanz, con música de Moya como toda la del resto del disco.

Cinturita de mimbre. cubos de plata y unos ojitos negros que a mí me matan. María del Carmen, María de la Cinta corazón mío y las más “chiquetita” María Rocío. Una sevillana más desenfadada que las anteriores, pero es que en las voces de Los romeros todo suena bien; lo serio y lo menos serio.




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miércoles, agosto 14, 2013

PERSONAJES DE UN BARRIO (III)

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PACA, LA DEL TABACO- “La Paca” era el lugar de encuentro obligado de muchos de los mozalbetes de mi barrio allá en los 60-70.

Paca era una señora que todas las tardes del año, indefectiblemente montaba su improvisado quiosquillo consistente en dos cajas de cerveza o refresco y un canasto en la confluencia del Paseo Colón con la calle Adriano, al lado del bar Luis y entre éste y el comercio llamado Todogoma. Aclararé que de los dos cajones antedichos uno le servía para sentarse y el otro para poner encima su canasto en el que exhibía el tabaco que vendía, ya que era casi exclusivamente tabaco lo que vendía, si bien también se ayudaba con paquetes de pipas y alguna que otra chuchería menuda.

                     
(En el chaflán que hace la esquina, entre la farola y el quiosco se podía encontrar a Paca todas las tardes)


Paca era otra superviviente. Mujer viuda con hijos que le echó, como tantas otras en sus circunstancias, muchos arrestos a la vida en una época en que las mujeres trabajadoras no eran habituales; y de esta forma todo los días podía vérsela donde he relatado, independientemente de que hiciera frío, calor o llovieran chuzos de punta.

¿Por qué era el lugar de reunión? Muy fácil; a casi todos los chavalillos que ya nos había dado por fumar pese a nuestra temprana edad (13-14) años, nos venía muy bien ese punto de reunión, tanto por estar relativamente alejado de nuestras casas como para que no nos pillara la figura paterna, como por ser el lugar donde se podían comprar cigarrillos sueltos; además, siempre teníamos ocasión de convertirnos en personas solidarias, porque si tú un día tal cual no tenías dinero siempre llegaba el amigo que te convidaba a un cigarro, y viceversa.



MANUEL, TBOS y NOVELAS.- Ya aludí a Manuel cuando hablé de los TBOS.

Manuel era un hombre que había convertido la afición de cierta lectura en la ocupación necesaria para su sustento. Su rasgo personal más peculiar es que era una persona seriamente afectada en sus piernas por alguna dolencia (probablemente polio en la infancia) que le impedía andar si no era ayudado por unas muletas, y éstas solo le permitían desenvolverse en pequeños espacios pero no para ninguna caminata. ¡Ah! Otro rasgo personal, seguramente el más significativo, es que era una excelente persona que tenía una paciencia infinita para lidiar con tantos niños como se acercaban a su “quiosquillo”.

Manuel se dedicaba a vender y cambiar Tbos y novelas. Los Tbos eran, sobre todo, de los llamados de risa que ya reseñé en su escrito correspondiente. Las novelas (aunque nunca fui aficionado a esa lectura si que podía ver el trasiego de ellas cuando iba), eran sobre todo del oeste (Marcial Lafuente Estefanía y similares), así como de amor (Corín Tellado y similares). Ambas cosas, Tbos y novelas, eran de segunda mano, y en el caso de los Tbos se podían comprar (solamente los más nuevos) o cambiar (nuevos y viejos). Evidentemente comprarlos era más caro que cambiarlos, aunque la compra tenía la ventaja de que mediante ella te hacías con tu pequeño patrimonio que luego podías ir cambiando indefinidamente por un precio menor, aunque había dos tipos de precios, uno para los Tbos viejos y otros para los nuevos. Tal vez ustedes pensarán que cómo podían ser nuevos o viejos si todos eran de segunda mano, pero lo cierto es que Manuel lo consideraba nuevo en tanto tuviera buena presencia, pero en el momento en que como consecuencia del constante trasiego de mano a mano el Tbo se deterioraba muy visiblemente le arrancaba un trozo de su lomo, lo que representaba la señal de que el Tbo ya era viejo y en consecuencia su precio de cambio menor, aunque seguía cumpliendo su cometido comercial para su dueño y de entretenimiento y lectura para los niños que teníamos poca disponibilidad económica.


                              

Aunque ya lo dije en el apartado de los Tbos, diré de nuevo que Manuel tenía su puestecillo en el pequeño zaguán de una casa en la calle Adriano, frente a la capilla del Baratillo, más exactamente al lado de la bodeguita San José, en una casa que aún existe, como puede verse en la captura de Google maps que les dejo. No perdí su contacto ni incluso de joven, ya que también vendía cupones de la Once y durante mucho tiempo estuve suscrito a un cupón diario que me guardaba hasta que aparecía por allí y hacíamos cuentas, liquidándole su importe.

Éste también es un homenaje no sólo para Manuel, sino también para otras personas similares que en los distintos barrios alegraban la vida a todos aquellos niños que no podían costearse Tbos nuevos con otros a coste reducido; eso si, algo atrasados, aunque esto no tenía mayor importancia si nunca los habías leído anteriormente.


LA VENENO.- . Voy a referirme a esta señora, que me parece recordar que se llamaba Carmen, aunque no estoy del todo seguro, ya que yo era muy niño

Carmen era una señora que tenía una pescadería en la calle Segura, y aunque puedo estar equivocado porque era muy niño entonces, estoy casi seguro de que todo el mundo la denominaba la veneno sin ocultarse; vamos, quiero decir que no se trataba de ningún mote despectivo.

Lo cierto y verdad es que la pescadería de la veneno gozaba fama de ser una de las mejores de Sevilla, y era habitual un constante trasiego de personas en busca del pescado fresco.

Sin ninguna duda, ella era una señora con una personalidad impresionante. Aún me parece estar viéndola sentada en su silla, con vestido negro y su delantal blanco de pescadera, desde la que, con gesto grave, dirigía las acciones de sus hijos y empleados a su cargo.

                          
                                                 (Calle Segura en la actualidad)


Ignoro si era viuda, aunque lo deduzco por su vestido negro, pero en cualquier caso, una vez más tenemos un ejemplo de cómo las mujeres, en aquellos años tan difíciles para ellas, cuando era necesario cogían las riendas y se ganaban el pan, incluso tan duramente como los hombres. 

En el próximo terminaremos con los personajes de un barrio. Gracias a todos por su atención.
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miércoles, julio 31, 2013

SEVILLANAS ANTOLÓGICAS (XI)

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LAS LLANURAS ARDIENTES DE LAS MARISMAS.- El disco de Los romeros de la Puebla de 1.974 nos trae esta sevillana que lo abría. Al igual que todas las de este disco y como ha venido siendo habitual en los años anteriores, Aurelio Verde puso la letra y Moya la música.

                                   



Este disco de 1.974, al igual que el de 1.973 es motivo de culto para muchos aficionados de Los romeros, y es que en verdad el grupo da ese salto definitivo que los hace grandes, y aunque yo no digo que estos discos sean mejores ni peores que el de 1.972, si que creo que en éste de 1.974 Los romeros cantan ya de otra forma: No sabría bien como expresarlo, pero creo que ustedes lo van a comprender perfectamente escuchando estas sevillanas que les dejo de este LP. Ustedes podrán oír cómo no sólo las voces de Los romeros, sino el disco en general, suenan de una forma...deduzcan ustedes.  




SUEÑO DE AMOR MARINERO.- Pista 7 del mismo disco de Los romeros, que representó un gran éxito en su momento, aunque yo no he visto que en la actualidad haya sido motivo de reediciones, siendo como es una sevillana muy, pero que muy bonita, y que basó además su gran popularidad en su primer palo; y es que la frase “El niño que tu querías, anda perdido en los mares” estaba en boca de todo el mundo, y en especial de los que querían hacer motivo de chanza a alguna amiga que anduviera enamoradilla de alguien que no le hacía mucho caso.

                               



Bueno, no crean ustedes que los muchachos de aquella época pasaban de una oportunidad tan singular como que una chavala anduviera enamoradilla de tí, sino simplemente es que las mujeres estaban tan acostumbradas a no dejar entrever sus sentimientos, “porque era inmoral”, que simplemente el afortunado ni siquiera se daba cuenta.  




TRIANA Y SU CALLE DEL BETIS.- Pista 2 del disco de Los romeros del año que nos ocupa. Otra sevillana de gran popularidad. La Feria se encontraba ya en Los Remedios y su mayor capacidad propiciaba la mayor afluencia de gente. Con ello, las sevillanas comenzaron a ganar en popularidad, y precisamente en este año 1,974 Los romeros de la Puebla sacaron al mercado un disco con varias sevillanas que se dejaron sentir en las gargantas de la gente.

Esta “Triana y su calle del betis” es una buena muestra del buen hacer de Los romeros en este año.






SEVILLA EN MI SENTIMIENTO.- El disco de Amigos de Gines de 1.974 nos trae esta sevillana de Gabriel Hurtado, muy bonita y en la que, con el paso del tiempo, ha resultado ser especialmente significativo el segundo palo; “Están diciendo que en Sevilla, se acaban los costaleros”. Y es que efectivamente el trabajo de costalero sufría una crisis, ya que hasta hacía muy poco habían venido siendo profesionales y pedían condiciones que las hermandades no podían cumplir, si no es que directamente no querían hacer un trabajo tan duro ni por todo el oro del mundo. Afortunadamente, los estudiantes dieron el primer paso sacando ellos personalmente su procesión, lo que dio paso a la explosión del hermano costalero que todavía impera en nuestros días y con enorme éxito.

                                     



Una vez más, una sevillana se convierte en notario del devenir del tiempo, dejándonos fe de cosas que pasaban cuando vieron la luz. Disfrútenla.  




LA PALOMA..- Del disco de 1.974 de Los hermanos Reyes, esta sevillana también gozó de gran popularidad en aquellos años. Sin duda es una sevillana bonita donde las haya, que a buen seguro usted ha oído en más de una ocasión. Su autor es Antonio Rodríguez Ferrera...¿recuerdan? El mismo que puso música a Soy de sur casi 10 años después

“Una paloma bajó a un arroyuelo a beber”. Así comienza su primer palo, y termina con todo un tratado de cómo la vanidad puede a veces con nosotros.

Ay orgullosa paloma
que te olvidas de la sed
cuando al espejo te asomas.

                                  


Hoy en día, no solamente las mujeres se asoman a un espejo para satisfacer su vanidad, sino también muchos hombres, pero bueno, esta sevillana es del 74, y por entonces el asomarse a un espejo era algo casi exclusivo de las féminas

Aquí se la dejo. Cometerán un pecado imperdonable si no la escuchan.







LA MARISMA SE ALBOROTA.- El disco de 1.974 de Los marismeños nos trae tres sevillanas  Dignas de encontrarse entre las antológicas, cosa realmente extraordinaria si tenemos en cuenta que el LP sólo integraba cuatro sevillanas, siendo el resto rumbas y fandangos de Huelva

                                 


La marisma se alborota al llegar la primavera, y ese alboroto es una explosión de la flora, la fauna y el sentimiento rociero; de todo lo cual Los marismeños hacen una gran descripción en esta sevillana cuya autoría se debe a León, Clavero, Pareja-Obregón y Beltrán






QUE GUAPA QUE ESTÁ SEVILLA.- Esta sevillana fue la de mayor éxito de ese disco de 1.974. Una sevillana más dedicada a Sevilla, aunque una sevillana totalmente diferente que se cantó profusamente en su momento y que es una de las sevillanas señeras de Los marismeños, 38 años después. Su autoría se debe a los mismos cuatro señores reseñados en la anterior.





UNA NIÑA MARISMEÑA.- Me tiene loquito de atar. Sevillana de León, Clavero y Quiroga que no solamente es muy bonita, sino que es todo un canto al amor imposible; al amor que sufre en silencio sin ser correspondido

Un amor sin esperanza te enseña a sufrir y a llorar.



Lo único que no me gusta de esta sevillana y debió de ser eliminado en su momento, es la inoportuna voz de fondo que sólo dice (con perdón) tonterías totalmente ajenas al desarrollo de la misma.

Aquí se la dejo. Céntrense en la sevillana, que es preciosa, e ignoren la voz de fondo.




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lunes, julio 15, 2013

PERSONAJES DE UN BARRIO (II)

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EL PADRE PATERO.- En aquellos años 60 el ir a la iglesia a confesarse era algo que los niños debían de hacer con bastante frecuencia; bien porque en los colegios obligaban a ello o bien por propias convicciones personales.

En ocasiones había pecadillos inconfesables, de esos que a un niño le da vergüenza relatar a un confesor, especialmente en aquellos años y especialmente si el confesor era severo, ya que en este caso a la vergüenza era necesario añadir una penitencia que normalmente consistía en el rezo de diversas oraciones que podían ser demasiadas según quien dictara la penitencia.

Pero como todos los males tienen remedio menos la muerte, éste también lo tenía; y el remedio no era otro que el padre Patero. Me parece recordar que, para más señas, se trataba del padre Tomás Patero.

                                 
                        (Interior de la iglesia de San Buenaventura en la calle Carlos Cañal)


El padre Patero era un monje del convento de San Buenaventura. Su confesionario era el primero según se entraba en la iglesia a la derecha, y el hecho por el que todos los niños querían confesarse con él era su compresión a los pecadillos que acompañaba con una penitencia suave y un tiempo reducido de confesión que permitía pasar el mal trago con rapidez.

Así pues, cuando había que confesarse todos los niños acudían a San Buenaventura y si el padre Patero estaba confesando a alguien (cosa que solía ser usual), se hacía uno el tonto, disimulando como que no iba a confesarse para evitar que otro padre te llamara, y así hacer tiempo hasta que el socorrido padre Patero pudiera atenderte.

Un recuerdo para él. Estoy seguro de que muchos hombres y mujeres de los barrios aledaños le recordarán también por su bondad.


El MUDO DE SANTA ANA.- No era exactamente de mi barrio, aunque a decir verdad, Triana, por su cercanía a mis calles de infancia formaba parte de nuestras vidas, especialmente el núcleo conformado por San jacinto, San Jorge, Castilla, Pureza y Betis; o sea, todas aquellas calles que se vertebraban en torno a una plaza de abastos de gran fama y tradición a las que las mujeres de mi bario hacían honor cruzando bastante a menudo el puente para fajarse con los vendedores de los distintos puestos en defensa de su normalmente escaso peculio.

El mudo de Santa Ana es otro de esos personajes que traspasó las fronteras de su barrio y era conocido por toda Sevilla. Aunque creo que será difícil que alguien no lo conozca, reseñaré que era un ¿monaguillo? de la catedral trianera, donde siempre podía vérsele en su tarea de ayuda a los sacerdotes y en todo tipo de ocupaciones.

                                       


No voy a extenderme mucho. Simplemente escriba usted en Google “el mudo de Santa Ana” y encontrará múltiples artículos sobre su vida y milagros. Por mi parte viene aquí porque, al igual que el mudo es persona carismática en la vida de muchos sevillanos lo fue de mi niñez y juventud.

Fíjense hasta donde ha llegado la fama de este hombre que, por concesión Papal ha recibido la cruz Pro Ecclessia et Pontífice, de lo que yo me alegro sobremanera.


EL QUIOSCO DE RAMONA.- El quiosco de Ramona era como cualquier otro quiosco de cualquier otro barrio; y al igual que cualquier otro quiosco de cualquier otro barrio permanece en el recuerdo de los niños porque era el lugar donde se compraban las chucherías, aunque a decir verdad en aquellos años casi nadie empleaba este término (chuchería), y en cualquier caso la variedad de las mismas estaba muy lejos de ser la existente hoy en día.

                             
             (En la parte derecha de la foto, a la altura del naranjo se ubicaba el quiosco de Ramona)


Ignoro por qué Ramona alcanzó más popularidad que su marido y al quiosco se le conocía por su nombre en vez de por el de Antonio que era su cónyuge, aunque probablemente era porque ella pasaba allí más horas. Tenían tres hijas, Mari, Loli y Rosario, que también ayudaban en las tareas del quiosco y además en las de otro quiosco de helados que montaban en verano.

Vaya desde aquí este pequeño homenaje a los quioscos que alegraban nuestra vida en aquellos años, así como a los quiosqueros que debían de estar al pie del cañón casi más horas que tenía el día.


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miércoles, julio 03, 2013

SEVILLANAS ANTOLÓGICAS (X)

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LA HISTORIA MÁS TRISTE.- Sevillana de 1.973 de Los de la trocha, que hacen su aparición en el mundo de la discografía por sevillanas con un disco titulado “Sevilla...y Los de la trocha”. Sin duda esta sevillana fue la que más fuerte pegó, con letra de Aurelio Verde, a quien ya hemos visto en este blog en más de una ocasión. Aprovecho para enviarle un saludo a Aurelio, del que todos sabemos que es un auténtico monstruo escribiendo, en cuanto a cantidad por supuesto, pero mucho más en cuanto a calidad se refiere.



Una sevillana desenfadada que cuenta las tribulaciones de las pobres amas de casa de la época que se hartaban de llorar con la historia de una pobre abandonada. 

                       



En un escrito mío de hace ya tiempo (inicios de este blog, ) hice referencia al fenómeno social que la radionovela Ama Rosa había representado en la España de los 60. Bien, pues esta sevillana hace alusión a otro fenómeno de similares características: el protagonizado por otra radionovela de los años 70 llamada “Simplemente María”



La sevillana tuvo un gran éxito, y como demostró un buen lector de este blog no hace mucho a quien mando un saludo, Alfonso Montaño, todavía hoy en día es recordada por quien la escuchó aquellos años.



¿QUÉ LE DIGO YO A SEVILLA? Otro pelotazo de Amigos de Gines, que en 1,973 vuelven por sus fueros con esta sevillana de gran popularidad en su momento, especialmente su segundo palo, basado en la historia real de una niña enferma que pedía desde su ventana a la Macarena que le curara su enfermedad, tema que fue motivo también de una preciosa poesía del Padre Cué. Su primer palo es el que da título a la sevillana; y es que ciertamente... ¿qué se le puede decir a Sevilla que no le haya dicho nadie?

                                    


Bueno, la realidad es que 40 años después podemos decir que afortunadamente los escritores han acertado a decir todavía muchas cosas más sobre Sevilla, y todas ellas bonitas. Esta sevillana se pasa de bonita. Es realmente preciosa. Escúchenla y deléitense.



CUANDO PASEN SIETE AÑOS.- En el disco de Los romeros de 1.973 “Solano de las marismas” fue el auténtico boom, pero esta sevillana que ahora traigo aquí también representó un gran éxito. 

                                   



Nuevamente, el traslado cada 7 años de la Virgen desde la aldea al pueblo de Almonte fue protagonista de una sevillana de Los romeros, en este caso preciosa. El tema es recurrente ya que ha sido tratado con profusión a lo largo de estos cincuenta años de sevillanas, pero fueron Los romeros quienes primero dieron a conocer este traslado que, en los años 60 y principios de los 70, aún era bastante desconocido del público en general.



¿No ha oído usted nunca esta sevillana? Seguro que sí. Seguro que usted también ha cantado en alguna ocasión que quisiera ser un pino en las arenas .“pa” cuando tú regreses, Madre volverte a ver.


LOS PESCADORES.- “Arriame la bandera, que mi barco va a salir”. Un éxito de los hermanos Reyes de 1.973 que, como ocurre con muchas sevillanas de aquel tiempo, ha vuelto a tomar protagonismo pasados los años con las reediciones que la han rescatado para conocimiento del gran público que no la conocían en su versión original. 

                                  



Aquí les traigo la original. Asómbrense con la poderosa voz de Diego, cuya garganta estaba en plano apogeo, antes de que la enfermedad que lo llevó a la muerte comenzara a quebrarla.



ATARDECER EN LA RAYA.- Los hermanos Reyes, en el mismo disco, cantaron esta sevillana dedicada a la belleza del atardecer en la Raya real.



Letra muy bonita y melodía no menos bonita. Una sevillana para oír con tranquilidad y recrearse, tanto en su belleza como en las voces de los Reyes.



Les dejo aquí una curiosidad. Esta sevillana también la grabaron Los de Valme.

 

OLE, QUE VIVA LA FERIA.- Sevillanas de 1.973 de Los marismeños, dedicada al traslado de nuestra Feria de Abril desde el Prado a Los Remedios. Como ya anuncié en mi escrito anterior de “Sevillanas antológicas” estamos en el año en que la Feria se traslada a su actual emplazamiento. Y de este hecho sin duda importante para nuestra ciudad, no fueron sólo Los marismeños quienes dejaron constancia, sino que hay varias sevillanas de ese año dedicadas a ello. 

                           



Hoy está muy olvidada, pero en su momento fue todo un éxito, y es que la verdad es que...es muy bonita esta sevillana.



Nos vemos en el próximo, donde reseñaré nuevas sevillanas antológicas, esta vez de 1.974, año en el que El Pali salta a la palestra con su inconfundible estilo.
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viernes, junio 28, 2013

PERSONAJES DE UN BARRIO (I)

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Voy a escribir ahora sobre los personajes ineludibles de mi barrio en aquellos años de mi niñez; personajes que son igualmente ineludibles en mi vida, ya que siguen en mi recuerdo y a buen seguro me acompañarán en él hasta el día en que ya no me sea posible recordar nada.

Unos vienen aquí porque fueron realmente entrañables para mí, mientras que otros lo hacen simplemente porque dejaron su recuerdo en mi mente, bien por ser personas de marcada personalidad y/o singularidad o bien simplemente por ser personas “públicas” en el sentido de que ejercían su profesión en la calle o en un local de ella. Unos serán recordados por casi cualquier persona de mi edad que me lea, ya que su fama traspasó las fronteras de mi barrio, otros serán simplemente personas desconocidas para la mayoría; pero en cualquier caso, estoy seguro de que todos traerán a su mente recuerdos de personajes similares en su barrio de nacimiento, en aquellos años de su niñez, tan difíciles pero tan maravillosos al mismo tiempo.

VICENTE, EL DEL CANASTO.- Este es probablemente el más mediático de todos, ya que Vicente es un personaje bien conocido en toda Sevilla; sin embargo era por estos parajes de mi barrio y aledaños donde ejercía su ministerio consistente en la venta de almendras (sic). Y digo (sic) porque Vicente, como bien canta el Pali en la sevillana que le dedicó, no vendía generalmente ni una puñetera almendra, ya que siempre los chiquillos se apañaban para quitarle parte del género, aunque en honor a la verdad debo de decir que los niños sólo hacían aprovechar lo que inevitablemente se perdería, ya que Vicente solía emborracharse de taberna en taberna y su género terminaba perdiéndose aquí o allá, bien olvidado en cualquier rincón o simplemente por el suelo después de ser revoleado en los increíbles quiebros que solía hacer a todos los coches que se cruzaran en su camino, ya que con el alcohol le daba por esta peligrosa costumbre de salir al encuentro de los coches y torearlos mientras pasaban, al tiempo que hacía visera con una mano y en la otra llevaba su canasto. 

                                   


Vicente es uno más de muchas personas de aquella época que eran considerados “locos” sin más, y a los que por no representar peligro para sus semejantes simplemente no se les prestaba atención médica para su enfermedad mental concreta, que sin duda hoy en día hubieran detectado y tratado correctamente. Y conste que digo esto sin ningún tipo de conocimientos médicos, pero es que en aquellos años y sólo en mi barrio había varias personas más, similares a Vicente, con la única salvedad de que no eran tan conocidos, pero al contrario que Vicente eran tremendamente peligrosos en sus propias casas. Más de una mujer de aquella época sufrió en sus carnes los desmanes de estos dementes con alguna enfermedad mental concreta a la que el consumo de alcohol hacía salir con toda su crudeza.

Y que conste que este tipo de comportamientos violentos que acabo de reseñar no tenían nada que ver con Vicente, que era un personaje entrañable y totalmente inofensivo del que, desgraciadamente, se reía mucha gente, no solamente los niños.


PACO, UN VECINO CUALQUIERA.- Paco era un vecino de mi casa; uno anónimo, cuya mayor cualidad era ser una excelente persona, seguramente como otros muchos que cualquier persona de mi edad que haya vivido en una casa de vecinos podrá recordar, y le brindo este pequeño recuerdo en homenaje a aquellos hombres oscuros de una época oscura que vivieron el amargo trago de una guerra civil y tuvieron que ingeniárselas para sobrevivir a una penosa posguerra de larga duración.

                                      


Paco trabajaba como administrativo en un comercio. A diario iba y venía cuatro veces, andando, desde su casa a su trabajo. Cuando llegaba a casa a mediodía para almorzar, por aquello de la singular poca intimidad de las casas en una casa de vecino, se le podía oír discutir con su mujer, por tal o por cual. Cuando volvía a casa por la tarde-noche después del trabajo, venía algo tambaleante por los vinillos que se había tomado en algunas tabernas del camino, y en su bondad nunca olvidaba a los niños, ya que se guardaba los cacahuetes que le servían de aperitivo para repartirlos entre los chiquillos que apenas lo veían enfilar la calle le pedían sacara de sus bolsillos el suculento regalo. Ya en su casa, de vez en cuando se le volvía a oír discutir con su mujer por esto o por aquello.

Pero no piensen ustedes ni por un momento que Paco y su señora no se querían. Eran personas de entre 50 y 60 años que habían decidido unir sus vidas muy jóvenes, y esto da una relación especial de cariño, aunque lógicamente (ayer igual que hoy) los matrimonios discutieran por sus cosillas; la única diferencia es que hoy en día, por una centésima parte de lo que soportaban antaño uno y otra ya comienzan a hablar de separación.

Para un niño era difícil entender algunas cosas, pero hoy en día después de 36 años de matrimonio precedidos de más 6 de noviazgo propios, comprendo perfectamente que esta pareja se quería con toda el alma.

Aplíquense el cuento. Sean pacientes con su pareja. No hay nada más bonito que poder ver envejecer al ser querido.


ANTONIO, EL PRACTICANTE.- En un escrito reciente comenté sobre los practicantes y su ritual. Hoy voy a escribir sobre el practicante de referencia en mi barrio. Se llamaba Antonio y vivía en la calle Trastamara, ya cerca de la Plaza de la Legión.

No me pregunten cual Plaza de la Legión. La hoy Plaza de Armas se llamaba así entonces.

                                             
(En la casa que se ve detrás del quiosco, donde está aparcado el coche, vivía Antonio)


Antonio era una persona bajita de cuerpo, algo regordete y con un bigote muy característico. Llegaba acompañado de su maletín donde guardaba los pertrechos propios de su profesión y era un personaje dicharachero que aliviaba su normalmente grave presencia (por el pinchazo esperado) con una agradable conversación.

De entre el ritual que ya relaté en un mencionado escrito anterior, debo de destacar el sonido característico que salía de la fricción del botecito contenedor de los polvos antibióticos una vez que se le había añadido el disolvente y era agitado para mezclar ambos elementos. El caso es que Antonio empleaba como parte de ese proceso mezclador no solamente la agitación del frasco sino que también lo cogía entre sus dos manos abiertas haciéndolo girar de un lado a otro como si se frotara las manos; y como Antonio llevaba su anillo de casado en su mano derecha, cada vez que el bote chocaba contra él se oía ese clic clic que todavía puedo seguir oyendo en mi recuerdo.

A pesar de todo esto, Antonio no era un personaje especialmente agradable para los niños, que temíamos más a un pinchazo que a una vara verde, y como quiera que si la inyección era para un niño los padres no solían decírselo para evitarte momentos de mal trago, ante su presencia el niño esperaba ansioso para ver si una vez terminado su ritual alguien se descubría la nalga salvadora o por el contrario venían a por ti y tu pobrecita nalga.

En honor de Antonio debo de decir que siempre que pinchaba a un niño solía, después de haber cobrado y antes de irse entregarle al niño algún caramelillo o unos cacahuetes. ¡Caramba! Esto de los cacahuetes me suena.

En el próximo, más personajes





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