domingo, mayo 01, 2011

SE PERDIERON TANTAS COSAS (V)

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LOS TRIQUITRAQUES.- No sé si existen hoy en día o simplemente los potentes petardos actuales han dejado obsoleto a esta simple entretenimiento de chiquillos que consistía en una tira de cartón que llevaba incorporados pequeños pegotones de algo que al pasarlo por una superficie dura como el suelo, chisporroteaba y hacía un sonido característico hasta que se apagaba.



EL SIDECAR.- Espléndido invento que permitía a un motorista llevar a alguien, normalmente su novia o mujer, sin exponerla a los peligros de una caída. El sidecar era algo tremendamente práctico y encima le daba a las motos una mayor estabilidad, por ello me sorprende que hayan desaparecido totalmente. Supongo que el motivo debe ser razones de seguridad, pero no alcanzo a entender que el ir en sidecar pueda ser más inseguro que el ir de paquete.



LAS LECHERÍAS.- El uso de las botellas de plástico primero y del tetra brick después, unido a la facilidad de distribución propiciada por las grandes superficies, hicieron desaparecer a estas antiguas lecherías, de las que me quedan como recuerdo su inconfundible olor cuando se entraba en ellas, así como aquellas grandes cántaras de aluminio que se usaban para almacenarla y también para repartirla, ya que había vendedores ambulantes que la vendían.

Aunque el recuerdo sea bonito, no cabe duda de que en este aspecto se ha ganado mucho en el terreno de la salud, ya que la venta de aquella leche podía dar lugar a innumerables problemas, siendo el más común la hoy prácticamente desaparecida calentura malta, que se contraía por beber leche contaminada y que incluso podía ser mortal.


LA URBANIDAD.- ¿Qué decir de esta cualidad del ser humano hoy casi desparecida? Los mayores ya casi no se acuerdan de que un día se enseñaba en los colegios y los jóvenes ni siquiera la han conocido porque nadie se la ha querido enseñar, ya que al parecer la urbanidad va en contra de ser “progre”.



¿Verá Vd. hoy en día en un autobús decirle una madre a su hijo que se levante y ceda el asiento al anciano/a o mujer embarazada que va de pie? ¿Verá Vd. a alguien ayudar a un anciano/a a cruzar la calle o tener la paciencia de acompañar a un invidente que ande algo desorientado?

No hace falta que me conteste. La urbanidad es hoy un valor perdido, una antigualla. Es mejor ser progre, y ya se sabe que para ser un buen progre es mejor ser maleducado e ignorar totalmente que algo llamado urbanidad existió en otros tiempos.

En fin, lo dejamos aquí por hoy. Pero como decía un buen amigo mío, "más "palante" hay más" .
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miércoles, abril 20, 2011

PIEDAD Y CARIDAD EN LA CALLE. TAREA DIFÍCIL

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En un artículo anterior dije que un día contaría cómo lograban los rectores baratilleros poner a los nazarenos de la cofradía en la calle cada Miércoles Santo allá por los años 60 y principio de los 70.

Sí, me han leído bien. No he querido escribir “poner la cofradía en la calle”, sino “poner a los nazarenos de la cofradía en la calle”. Y esto es porque para poner una cofradía en la calle es necesario hacer un esforzado trabajo durante todo un año, que culmina el día de la estación penitencial; y en el Baratillo se realizaba ese trabajo y los pasos lucían perfectos en la mañana del Miércoles Santo para la tradicional visita matutina de los fieles a las cofradías que hacen estación por la tarde; pero en el Baratillo, donde radicaba una gran dificultad era precisamente en darle salida organizadamente a los nazarenos, mucho más grande que dársela a los pasos.

Situemos el escenario. Creo que todo sevillano conoce la capilla del Baratillo. Bien, pues no hay más cera que la que arde; lo que Vd. ve cuando entra en la capilla es toda la cera, no había mucho más salvo una pequeña sacristía detrás del altar, de la que partía una escalera hacia la planta alta, una planta de unos 20 metros cuadrados debidamente amueblada para el trabajo de los rectores de la hermandad, y otra vez una escalera que partía de esa sala hacia la azotea.

En la capilla, resten Vds. el espacio ocupado por los dos pasos ya montados, y en la planta alta resten el espacio del mobiliario (casi todo el espacio libre) y tendrán que el único sitio de desahogo era la azotea en aquellos años.

Los más de 600 hermanos de los años 60, que crecían a buen ritmo y que en los 70 ya llegaban a 800 o más según creo recordar, íbamos llegando a la capilla a medida que se acercaba la hora de la salida, a las 17,00 en los primeros años según recuerdo y a las 17,30 después de que se cambiara el recorrido, saliendo en dirección a Pastor y Landero como actualmente en vez de hacia García de Vinuesa como era antes. Llegaban de igual forma nazarenos tanto del Cristo como de la Virgen, ya que aunque se recomendaba que los de la Virgen llegaran un poco más tarde, esto se hacía imposible, porque desde el momento en que la cofradía ponía la cruz de guía en la puerta, la gente se arremolinaba, y antes no había vallas metálicas separadoras entre el público y la cofradía como ahora, de forma que el nazareno que llegaba ya con la bulla arremolinada en la puerta tenía que abrirse paso a través de ella, con gran esfuerzo y gran peligro de aplastamiento del cartón de su capirote.



Así pues, el escenario ya está completo. Una pequeña capilla, dos pasos que ocupan un espacio importante de la misma, más el espacio destinado para los cirios e insignias (al pie del altar) y para el personal que tenía que repartirlo a cambio de la papeleta de sitio a medida que el personal iba siendo nombrado, 800 o más personas arremolinadas sólo distinguibles por el color de su botonadura y cordón (éste último imposible de ver por el arremolinamiento), algunos costaleros, gente de paisano dentro de la capilla que tal vez fueran familiares de alguien….y una mezcla de olores indescriptibles y maravillosos: (cera, flores y otros olores inenarrables). El conjunto de estos olores era algo tan familiar, tan esperado año tras año, que realmente olía a gloria. Los que lo han vivido saben de lo que escribo.

En llegando la hora de la salida, alguien subía al púlpito lista en mano, y desde allí lo primero que hacía era recomendar que los nazarenos de la Virgen subieran a la azotea para echar enseguida un pequeño discurso con recomendaciones sobre la forma seria de procesionar que se esperaba de todos los hermanos, y a continuación comenzaba a nombrar:

Cruz de guía: Fulano
1ª Bocina de cruz de guía: Mengano
2ª Bocina de cruz de guía: Zutano

1º Tramo:

Cirio: Perengano

Y así comenzaba a desgranar nombre de portadores de cirio, hasta llegar al final del primer tramo, para continuar:

2º Tramo :

Senatus: Juan Pérez
1ª Vara de Senatus: Luis García...etc.

Hasta aquí todo normal; supongo que como en cualquier cofradía sucedía y seguirá sucediendo hoy en día. Pero aquello no era en absoluto normal, ya que los nazarenos de la Virgen desoían las recomendaciones y querían quedarse allí para contemplar aquel guirigay tan esperado durante un año y ver salir el paso de Cristo a la calle; y entre la confusión de los que iban por el cirio o la vara después de ser nombrados, los que ya lo habían recogido y avanzaban hacia la puerta para que el diputado de tramo los colocara, los nazarenos de la Virgen hablando entre sí, los costaleros inquietos esperando su momento, los diputados organizando en la puerta para que la primera impresión de la salida a la calle de las parejas de nazarenos fuera perfecta (cosa nada fácil teniendo en cuenta la gran cantidad de chiquillos que salía) etc., el buen señor subido en su púlpito tenía que pedir silencio cada dos o tres nazarenos que nombraba para hacerse oír sin dejarse la garganta; y como suele ocurrir en estos casos, ante su voz airada pidiendo silencio la gente callaba unos segundos, los necesarios para nombrar a 3 ó 4 más y vuelta a empezar el ruido, la charla, y vuelta el del púlpito a mandar callar y a decir desgañitándose “los nazarenos de la Virgen que suban a la azotea, que aquí no se cabe, ni se me oye”; pero todos callaban, nadie se movía hacia la azotea, y a los 4-5 segundos comenzaba de nuevo el jaleo.

Téngase en cuenta que mientras narro esto, real como la vida misma, la cruz de guía ya estaba en la calle y detrás no podía parar de ninguna forma la salida de nazarenos a la calle o de lo contrario la cofradía quedaría rota antes de echar a andar como quien dice.

Año tras año, el milagro se producía. Los nazarenos salían a la calle y detrás sus queridas imágenes paseando su gracia por las calles de su barrio, de Sevilla.




                                                                  



En momentos en los que, según sé, la hermandad ya dispone de una casa anexa e incluso de terreno de la plaza de toros para poder organizar la salida, he querido dejar aquí este recuerdo para los que éramos hermanos en aquellos años en que la organización era un poco más difícil que ahora, y también para los hombres que hacían posible aquello con su trabaja año tras año: Otto, Castañón y Pastor. Habrás más, claro está, ya que una cofradía no se pone en la calle por el esfuerzo de sólo tres hombres, pero éstos son los que yo recuerdo.

Siendo hoy, 20 de abril de 2.011, Miércoles Santo de este año, he querido plasmar aquí este humilde recordatorio a mi Hermandad, a mis imágenes, a las que probablemente no pueda ver en la calle dentro de unas horas.

Edito para agradecer a los cielos la tregua dada el Miércoles Santo, que sí nos ha permitido pese a los augurios climatológicos ver al Baratillo en la calle un año más. Y aunque la tarde del Jueves ha sido francamente negativa en este aspecto, plasmo desde aqui mis deseos para que nuestra incomparable "Madrugá" transcurra sin incidencias, aunque una cosa son las buenas intenciones y deseos, y otra muy distinta las previsiones que son tremendamente negativas.
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domingo, abril 10, 2011

ALGO SE MUERE EN EL ALMA

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Así comienza la mítica entre las míticas sevillana del adiós, de Amigos de Gines, por todos conocida. Pero no es de sevillanas míticas de lo que voy versar hoy, sino de aquello que se nos muere en el alma a los aficionados a las sevillanas en general y en especial a los romeristas, después de saber que los monstruos se retiran.

45 años después de comenzar su andadura, (43 después de grabar su primer disco), Los Romeros de la Puebla han anunciado su retirada; y lo han hecho como no podía ser de otra forma: cantando. Su disco de 2.011, que lleva por título genérico “Cantando decimos adiós”, les ha servido para dar a conocer al gran público que se retiran.


Como reza una de sus sevillanas, todo termina en la vida. Bien es cierto que Romeros como grupo podía no haberse terminado, ya que conservando el mismo nombre podían haber ido procediendo a relevos generacionales al igual que por diversas circunstancias han hecho muchos grupos a lo largo de su historia; pero a mi personalmente, dentro de la gran tristeza que me produce saber que no volveremos a escuchar las tan esperadas novedades anuales de Romeros, me da una gran alegría comprobar que, después de una grandiosa carrera casi imposible de igualar, Romeros cierra su andadura como grupo con broche de oro; haciendo lo que yo entiendo que era más digno para ellos: la muerte profesional digna y por la puerta grande.

Seguramente muchos intérpretes de sevillanas hubieran estado orgullosos de entrar a formar parte de este grandioso grupo en ausencia de algunos de sus actuales componentes; incluso alguno de sus hijos como podía ser el caso del hijo de Faustino, actualmente en Ecos de las Marismas, hubiera sido el mejor sucesor; pero cuando se ha hecho una carrera tan extraordinaria, cuando se han alcanzado cotas que quedarán grabadas en los anales de la música, perder la esencia del grupo, esa esencia que durante 45 años han mantenido sus componentes, hubiera sido un gran error. Romeros se retira como debe de retirarse. Su muerte profesional dará paso a la leyenda. Durante mucho tiempo, en todo el mundo se sabrá que unos profesionales de La Puebla del Río formaron un buen día un grupo musical y que sus 5 primeros y a la postre únicos y últimos integrantes, estuvieron juntos desde el principio hasta el fin.


Juntos, en la alegría y en la tristeza, en los éxitos (que han sido todos), pero también en las discordias que a buen seguro habrán surgido durante tantos años. Serán tantas las anécdotas, los buenos momentos, también los malos, el sabor de los éxitos, probablemente también algún que otro desengaño. No sé que van a hacer Romeros a partir de ahora, pero yo les sugeriría que se aplicaran en escribir un libro; un libro que recogiera todos los pormenores de su andadura, pero sobre todo estas cosas pequeñas de las que hablo. Estoy bien seguro de que el libro tendría un éxito asegurado entre sus múltiples seguidores.

Cinco voces ribereñas, cinco estampas tan sureñas, cinco espigas de arrozal, cinco cigarreros que traspasaron los límites de su pueblo, de su provincia, de su país, para convertirse en un fenómeno mundial. Este será el espejo en el que constantemente tendrán que mirarse los grupos que comiencen, aquellos que en el presente ya despuntan y los que en el futuro estén llamados a seguir engrandeciendo nuestro cante. Todos querrán ser como Los Romeros de la Puebla.


Tendría mucho que escribir sobre Romeros, pero a modo de despedida estas simples letras van a bastar… De momento, el único efecto real e inmediato que esta retirada tiene es que ya no vamos a ver aparecer sus discos año tras año, ni los vamos a ver subidos a un escenario; pero estoy seguro de que ellos seguirán cantando, allá en su pueblo, en el Rocío, en misas y en romerías, porque su vida es cantar. Y donde quiera que Romeros canten habrá una cámara, un móvil dispuesto a grabarlos, para que los que de corazón los queremos podamos seguir alegrándonos con ellos, con sus voces todavía poderosas aunque hayan decidido que ya es hora de ponerlas a buen recaudo.

Es hora ya de disfrutar de la familia de verdad, sin tener que pensar en el trabajo, sin tener que andar de escenario en escenario, de carretera en carretera. Os deseo lo mejor también en vuestro retiro dorado.


Romeros, habéis alegrado nuestras vidas, por ello ¡Nunca os olvidaremos! ¡Nunca os olvidará el mundo de las sevillanas! ¡Siempre permaneceréis vivos en el recuerdo de los aficionados porque nadie ha dejado tanta huella como vosotros.




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domingo, marzo 27, 2011

CON LA COLABORACION ESPECIAL DE (VII)

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EL TURRONERO.- Probablemente estamos, aunque es cuestión de apreciación claro está, ante la voz más flamenca de las sevillanas de entre los numerosos cantaores flamencos que han hecho incursiones en el mundo de las sevillanas.

Manuel Mancheño Peña,  utrerano, conocido en el mundo artístico como El Turronero, desgraciadamente ya desaparecido, representa desde mi punto de vista el auténtico culmen de la fusión entre las sevillanas y el flamenco. Su poderosa voz, flamenca por antonomasia, ha sonado espléndidamente cada vez que se ha asomado a nuestro querido arte.

Voy a romper mi promesa
Y te voy a cantar Rocina

Y yo te voy a gritar guapa
Cuando salgas de la ermita

Yo quiero que mi garganta
Tenga temple de campana
Para convertir en plegarias
Mi cante por sevillanas.

Letras hondas, igual que su cante. Cante grande donde los haya.

Y es que yo nací
Al pie del Guadalquivir

Tengo cien mil “conocíos”
Con los que voy de taberna
Pero tan solo un amigo
Espero que me comprenda

Soy pícaro de novela
Soy burlador de comedia
Me cuelgan dos sambenitos
Que a mi “tó” me importa un pito
Y que estoy siempre de juerga

Y aunque el clima me influyó
Y mi carácter lo marcó
Algo de árabe y romano
Yo le doy gracias a Dios
Porque nací sevillano.



La tan traída y llevada controversia entre amantes de las sevillanas y puristas del flamenco, y sobre todo la afirmación de estos últimos de que los buenos cantaores de flamenco se rebajaban al interpretar nuestro querido cante, pierde todo sentido con las sevillanas del Turronero; el hombre que demuestra que un cantaor de sevillanas no solamente las engrandece cuando las interpreta, sino que se engrandece a sí mismo, ya que es gracias a las sevillanas por lo que El Turronero pudo terminar sus días siendo ampliamente conocido, a la vez que querido y admirado por el gran público.

Y que nadie me malinterprete. No quiero decir que el Turronero no fuera suficientemente conocido, pero en el mundo del flamenco, como ya sabemos bastante menos numeroso que el de los aficionados a las sevillanas





TATE MONTOYA.- Tate Montoya era conocido ya antes de llegar al mundo de las sevillanas por ser hijo del gran Enrique Montoya.

La irrupción de Tate en el mundo de las sevillanas no fue especialmente brillante, cosa realmente insólita porque aportó sevillanas realmente preciosas, y en especial a mi me encanta una titulada “Baílame” incluida en su LP “La luna que yo miro”

En una noche de juerga
Sin saber como ni cuando

En el “quejío” de un cante
Te vi gitana bailando

Baílame
Entre palmas y palillos
Baílame otra sevillana
Que mis brazos sean cautivos
De tu cintura gitana

La frase “que mis brazos sean cautivos de tu cintura gitana” me parece una de las cosas más bonitas que se han escrito en las sevillanas. En una sola frase queda perfectamente definido todo el espíritu de un baile centenario; un baile en el que constantemente los brazos del hombre luchan por rodear la cintura de la mujer como cautivos de ella, pero constantemente también sólo deben rozarla para, elegantemente, no obstaculizar su movimiento.



Pero lo que de este hombre, menos conocido quizás que su antaño popular padre, no sabe mucha gente, es que es un prolífico autor musical, productor discográfico, e incluso hizo sus pinitos en televisión como presentador. En resumen un hombre polifacético, que en lo tocante a las sevillanas nos legó joyas como “La luna que yo miro”, “Solo”, “Vamos cantando” o “Andando siempre al Rocío”.

Si tiene ocasión escuche sus sevillanas. No se arrepentirá




JOSE MANUEL SOTO.- Este es un hombre sobradamente conocido del gran público. Hombre polifacético se ha atrevido con todo tipo de cantes, pero se hizo especialmente popular a nivel nacional por alguna canción melódica, y también es conocido por sus apariciones televisivas.


Pero como es lógico, no es por lo anteriormente reseñado por lo que viene aquí, sino por su aportación al mundo de las sevillanas

Tengo un amigo del alma, No se puede contar, Amigo rociero, Triana mia, Una vieja leyenda. Sevillanas todas ellas realmente preciosas, y compuestas por él mismo

Cuanta una vieja leyenda
Que en la campiña dorada

Vivía una bella princesa
Por guardianes custodiada

La princesa es la amapola
Y los guardias son trigales
Que velan a su señora
Con espigas de puñales

Celosos de quien la mira
Se ciñen sobre su talle
Afilando sus espigas
Con el viento de la tarde

Bonita ¿Verdad? Bueno, pues termino este reconocimiento al polifacético Soto con un estribillo muy conocido de otra sevillana suya

Hacer contigo el camino
Es lo que me da la “vía”
Y al lado de mis amigos
Y llorando de alegría
Llegar contigo al Rocío
Triana, Triana mía.




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miércoles, marzo 16, 2011

SE PERDIERON TANTAS COSAS (IV)

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LOS TRICICLOS.- Los triciclos eran durante los años 50 y parte de los 60 un medio preponderante para el transporte de cosas. Los más normales que yo recuerdo eran los de cajón delantero y descubiertos, aunque en algunos casos como los de los panaderos eran cubiertos por razones obvias.



No recuerdo cómo ni por qué, pero el caso es que de vez en cuando aparecía por el barrio algún hermano mayor de algún chiquillo en un triciclo de éstos y entonces era el delirio y la algarabía de los chiquillos, que se montaban en tropel en el cajón para que les dieran una vuelta. También los había en la parte externa del Barranco, pero al terminar la jornada de trabajo los encadenaban todos juntos para evitar que se lo pudieran llevar, aunque bien es cierto que ocasionalmente se les olvidaba alguno y esto hacía nuestras delicias, si bien al llegar a casa venía la parte negativa del asunto, ya que después de haber montado en un triciclo de aquellos del pescado, el olor que desprendíamos no era a rosas precisamente

Aunque no todo eran alegrías, ya que recuerdo una vez que cogimos una cuesta abajo un poco pronunciada, y no sé si como consecuencia de un frenazo o qué, el triciclo volcó y yo di con mi cara en el suelo. Nada importante al final, ya que afortunadamente cuando somos chiquillos parecemos de goma.

JUGAR AL ARO Y AL DIABOLO.- Escuchando hoy una sevillana de Albahaca, a la que ya he hecho alusión cuando hablé de ellos, y cuyo título es “Juegos de antes”, me he acordado de estos juegos tan singulares, tan de chiquillos solitarios.

Ciertamente en algunas ocasiones, por las circunstancias que fueran ningún amigo estaba en la calle. ¿Qué chiquillo/a de los años 50 no ha jugado con un aro y un palo para empujarlo o un diábolo que con gran habilidad las chicas lanzaban muy alto para recogerlo de forma casi increíble al caer? Enormes juegos; se necesitaba poco material costoso (aro y palo por un lado y un económico diábolo por otro),  y se entretenían los chiquillos cuando estaban solos, y encima hacían ejercicio.


Hoy en día no se ven muchos chiquillos jugando en la calle, pero desde luego lo que nunca veo es un niño haciendo rodar un aro o una niña jugando al diábolo

Bueno, díganme Vds. que diferencia puede haber entre jugar al aro con un bollo regado con aceite en la mano libre y estar sentado jugando a la play comiéndose un bollycao o un pastelillo industrial.

LAS BOLAS DE BARRO COCIDO.- Este enlaza con el anterior, ya que jugar a las bolas (hoy llamadas canicas) era un juego muy usual entre los chiquillos. Las bola eran de dos clases, unas más reforzadas que venían como esmeriladas con brillo, y otras, las auténticas de barro cocido, que eran bastas y tenían el inconveniente de que cuando te daban en una de ellas con una bola buena se rompían por la mitad, y en vez de una bola tenías dos medias esferas de barro que ya no eran aptas para el juego.


En la calle, entre el adoquinado, se aprovechaba cualquier oquedad en la que las bolas pudieran caber y luego ser fácilmente recuperadas. Con tan solo ésto, se jugaba al “hoyo”, un juego que consistía en colar tus bolas en el agujero y/o al mismo tiempo desplazar a las de los contrarios que estuvieran cerca de él.

En fin, otro juego más de los muchos con los que los chiquillos se divertían.

Por cierto, hoy en día ya casi ni veo zapateros. Mucho menos veo chiquillos cogiendo zapateros con el cebo de una caña puesta sobre algún charco.

Bueno, quizás incluso haya alguien que no sabe lo que es un zapatero aparte de un Presidente del Gobierno. Por si acaso, aqui les dejo uno, mientras que me despido hasta el próximo


 

Si si. Ya sé que es una libélula, pero no para los niños sevillanos de los 50-60
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martes, marzo 01, 2011

CON LA COLABORACION ESPECIAL DE (VI)

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CHIQUETETE.- Antonio Cortés Pantoja, Chiquetete para el mundo de la música, es sobradamente conocido del gran público. Quien no le oyó cantar flamenco le oyó cantar canciones melódicas de gran éxito, y quien no, le escuchó alguna sevillana ; y si todavía hay gente no aficionada al cante seguro que lo conocen por su no deseada aparición en el mundo rosa.

Chiquetete ha gozado de una voz privilegiada, o a mi al menos así me lo ha parecido, ya que si bien su voz no ganará concursos de potencia, tiene un timbre especial y totalmente diferente, apto para todo tipo de cante como así lo ha demostrado sobradamente a lo largo de su carrera. Y quizás es porque su voz se adapta a todo por lo que, aunque Chiquetete fue sin duda el gran pionero de entre los cantaores flamencos en lo que a las sevillanas se refiere, no se puede decir en absoluto que sus sevillanas tuvieran aires aflamencados. Tal es la maravillosa adaptación de su voz a cualquier cante.


Arrancó en el mundo de las sevillanas todavía en la década de los 70 con dos éxitos sonados

María es mi sin vivir
Por ella muero

Dolores muere por mi
Yo no la quiero

Son la noche y el día
Mis dos amores
Mis dos amores
El amor de María
Y el de Dolores
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Va Carmen la cigarrera
Presumiendo por la calle

Con su flor en la pechera
Y el manto "ceñío" al talle

Ay cigarrera ay ay
Ay cigarrera
Ay cigarrera
Ay Carmen la de Triana
La cigarrera

Y lo que a mi me parece su sevillana más bonita (y no son pocas precisamente las bonitas en su producción), ésta de la que dejo un palo precioso, cuya autoría debemos al célebre compositor Padre Quevedo

A un pajarillo apunté
Y voló diciendo pío

Al escucharlo pensé
Que iba diciendo Rocío
Y ya no le disparé

En la ermita es “pa” morir
Ver los bravos almonteños
Las altas rejas subir
Y con carita de sueño
Ver a la Virgen salir

Un cantaor excelente, un intérprete de sevillanas magnífico, una voz personalísima y muy muy agradable. Los que admiramos la voz de Chiquetete estuvimos de suerte cuando decidió grabar sevillanas.





PACO TARANTO.- Si alguien puede ser considerado un auténtico pionero entre la pléyade de cantaores flamencos que iban a grabar discos por sevillanas al olor del gran éxito de las mismas en la década de los 80, ese es sin duda alguna Paco Taranto.


Paco Taranto tomó su apellido artístico del de un grupo denominado Los Tarantos del que formó parte. Gran cantaor de flamenco, especialmente de los cantes propios de su lugar de nacimiento, el barrio de Triana, tuvo un efímero paso por el mundo de las sevillanas, pero muy importante tanto por su carácter de adelantado de un tipo de sevillana muy especial, como por la calidad de muchas de ellas, que quedarán grabadas en los anales.

Una carta te escribo
De cuando en cuando

Y en el sobre cautivo
Besos te mando

Después que te escribo
Más muerto que vivo
Queda el corazón
Y nunca recibo
Tu contestación


Una plaza hay en sevilla
Y en la plaza un caserón

Y ojerosa y amarilla
Una niña en el balcón

Todos se apenan, todos lo sienten
Todos lo sienten, todos se apenan
Ay si supiera la gente
Que desprecia por docenas
Los pretendientes

Y para terminar con este recordatorio, un estribillo que siempre me pareció una de las cosas más bonitas que se han cantado en lo tocante al amor en las sevillanas

Carmela Carmela mía
¿Que me has “dao” de beber?
¿Que me has “dao” de beber?
Que si a tu verita me arrimo
Me entra más fuerte la sed





PEPE PEREGIL.- Aquí tenemos a otro cantaor de flamenco que también ha hecho incursiones en el mundo de las sevillanas. Pepe es sobradamente conocido también por el gran público. Quien no le oyó cantar flamenco le oyó cantar sevillanas o saetas, y quien no a buen seguro ha visitado su famosa taberna “Quitapesares” en la Plaza Padre Jerónimo de Córdoba, donde lo vemos en esta foto


La voz de Pepe es tremendamente poderosa, y puesta al servicio de las sevillanas suena realmente bien, especialmente en las sevillanas grandes, como ésta llamada “Al viejo acebuche del Rocío”

Cuántos recuerdos se duermen
En tu tronco “retorcío”

Ay centenario acebuche
De la aldea del Rocío

Y cuántos vientos marinos
Desmelenando sus ramas
Habrán dejado su llanto
Junto a ti en la madrugada

Ay mi viejo acebuche
Alerta que viene el alba
Alerta que viene el alba
Que ya viene la paloma
A posarse entre tus ramas

Probablemente no obstante, son más conocidas del gran público sevillanas más desenfadadas, en las que Peregil se ha prodigado en ocasiones, como aquella en la que acusa a su primito hermano de ser un tacaño por convidarlo a aceitunas y papas fritas cuando a él lo que realmente lo alegra es el jamón serrano de pata negra…(¿y a quién no?).

Sea como sea, oír a Pepe Peregil es siempre un goce ya que pocos pueden presumir de una voz tan potente como la suya.
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miércoles, febrero 09, 2011

SE PERDIERON TANTAS COSAS (III)

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Bueno, pues aquí estamos otra vez. Alguien dijo que la pereza es la madre de todos los vicios. Yo me tomé un descansito para las Navidades, pero la pereza me ha podido hasta ahora. Pero nuestro refranero es sabio (algún día habrá que echarle un vistazo al refranero, tan olvidado por nuestros jóvenes), y no hay mal que cien años dure, lo cual es estupendo porque ya estoy aquí otra vez al pie del cañón. Sigamos pues con cosas que se perdieron.

EL CARRITO DE LOS HELADOS.- Pues como su propio nombre indica, era un carrito adaptado para conservar los helados. El heladero se paraba en un sitio determinado, o bien otros iban empujando el carro de calle en calle y vendiendo a su paso.

Los helados en aquella época eran sota caballo y rey. El polo de nieve, de forma rectangular y que podía ser de distintos sabores (limón el amarillo, fresa el rojo, negro el chocolate, etc.), era solamente nieve a la que le añadían algún tipo de colorante y aroma supongo (recuerdo que se decía que lo que le añadían era fuchina). El napolitano, de forma redonda que solía ser de uno o dos sabores; por regla general eran de vainilla, chocolate y fresa o si eran de dos sabores la vainilla combinada con cualquiera de los otros dos; éste era un helado ya elaborado con leche, y era bastante estimado porque tenía buen sabor. Por último estaba el corte, que era un trocito de la típica barra entre dos galletas.

Recuerdo que a posteriori aparecieron los popsicles, que eran algo intermedio entre el polo de nieve y el napolitano. No había mucho más; como ven, nada, comparado con la ingente cantidad de sabores y texturas de hoy en día, pero quizás porque no se comían todos los días es por lo que nos sabían a gloria, y por eso ver aparecer el carrito de los helados representaba una algarabía.



( Carrito de helados de la Ibense; empresa antiquísima de origen gaditano que todavía existe)

LA CEBÁ.- Bueno, éste era su nombre de andar por casa; su verdadero nombre es la cebada, y aunque actualmente se ve poco en las casas ya que tiene más que nada usos industriales, en los años 50-60 era un artículo de uso común. ¿Sorprendido/a? No se sorprendan.

En aquellos años el café era escaso, y cuando comenzó a comercializarse era caro para los bolsillos comunes. La cebá servía para mezclarla con el café y de esa forma gastar menos granos de café cada vez que se hacía. Recuerdo que la proporción debía ser aproximadamente tres partes de cebá y una parte de café. De esta mezcla, convenientemente molida a golpe de manivela con los antiguos molinillos, salía un café que previo colado para evitar que cayera en la taza la zurrapa, constituía, bien solo o acompañado con leche, el desayuno y merienda en la mayoría de las casas. Esta era una forma de hacer el hoy tan estimado café de pucherete.

¿Sólo se desayunaba este café? Claro que no; se acompañaba con lo que había, que bien podía ser pan partido a pellizcos que se echaba en la taza (café “migao”), o bien se podía tomar el pan directamente con aceite y azúcar o la clásica manteca colorá que vendían en las tiendas de ultramarinos a granel, envuelta en un papel satinado.

LOS TRANVÍAS.- Ya he hablado en este blog de los cobradores de tranvía y de cómo las vías del tranvía me ayudaron a llegar a casa en un grave trance. Ahora quiero recordar a los tranvías en si; aquel medio de transporte que durante muchos años antes de la guerra y también algunos años después era el medio de elección de los sevillanos que necesitaban desplazarse por su ciudad.



(Curiosa imagen del tranvía por el acueducto de la Puerta Carmona)

Es comprensible que tuvieran que desaparecer, ya que su deambular por medio de las calles más principales de la ciudad tenía que ser un impedimento importante para el tráfico rodado cada vez en mayor crecimiento a partir de los 60; pero… ¿a quién no le gustaría viajar 60 años atrás y dar un paseo por la ciudad montado en uno de aquellos viejos tranvías? Si lo logra tenga cuidado con sus brazos, ya que uno de mis recuerdos, esos recuerdos indelebles que siempre quedan en nuestra mente de nuestra época de chiquillo, es el de mi madre diciéndome, no saques el brazo por la ventanilla que el otro día una mujer lo llevaba fuera y se cayó la ventana y le cortó el brazo.



Las ventanas de aquellos tranvías eran de dos hojas, iguales, de las cuales la baja era corrediza sobre la alta que era fija. No creo que si una de esas ventanas cayera lo hiciera con la suficiente fuerza como para cortarle el brazo a nadie, ya que no eran de ningún elemento cortante, sino de madera (el marco alrededor del cristal), pero aun así yo me guardaba mucho de sacar el brazo por la ventanilla.

Otra costumbre inherente a los tranvías era pasearse en ellos subido al tope. Por lo general eran chiquillos que se daban un paseito, pero supongo que también habría algún que otro aprovechado que a base de viajar así se ahorraba el billete.


Otra cosa que solían hacer los chiquillos era montarse atrás en un coche de caballo, pero aquí si que había peligro, ya que era fácil que el cochero te detectara (a veces no), y solían gastar muy malas pulgas.
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