domingo, mayo 30, 2010

DE TABERNAS, BARES Y LUPANARES(III)

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En la España franquista el sexo era algo completamente tabú; por eso no es de extrañar que se llegara a la pubertad y se comenzara a sentir la llamada de la naturaleza sin saber absolutamente de qué iban todos aquellos cambios que se empezaban a desarrollar en los cuerpos; sin haber oído ni tan siquiera de pasada, que esas cosas de mayores tendrían que llegar tarde o temprano. Y un buen día, los ayer chiquillos entretenidos en sus juegos comienzan a ser muchachos y a interesarse por el sexo. Y comienzas a enterarte de que hay sitios donde se negocia con el sexo, y esos sitios te llaman poderosamente la atención. No se trata de ir a hacer nada en esos sitios porque ni tan siquiera tienes claro de qué va todo eso, pero sí se trata de un deseo ferviente de echar un vistazo, de ver qué se cuece allí.

En realidad de lo que quiero hablar aquí es de aquellos sitios que marcaron época en la Sevilla de los 60. El sexo se practicaba sin duda en muchos sitios, ya que uno escuchaba hablar de las casas de putas (casas de tratos se decía en mi casa), y al parecer existían muchas casas de estas de tapadillo, pero no son el objeto de este escrito y sí el de aquellos locales abiertos al público, donde pese a estar prohibida se ejercía la prostitución bajo la excusa de que eran salas de fiestas y actuaciones, aunque si que solía haber fiesta y actuaciones, y en  algunos casos incluso fastuosos espectáculos. Estos son aquellos sitios de los que me acuerdo, y me acuerdo porque en cualquier época de mi vida atraído por esa curiosidad innata de la que hablaba antes los visité y visioné el espectáculo. Son los que relaciono a continuación, y con ello, rindo un homenaje a aquellos templos del buen gusto que más tarde comenzaron a ser sustituidos por las llamadas whiskerías, ejemplo en muchos casos de la chabacanería y del correr fácil de sustancias poco apropiadas.

LA MARINA.- La Marina era un bar y restaurante situado en el Paseo de Colón. Sin embargo tenía truco. La parte trasera del bar daba a la calle Velarde, y desde allí partía una escalera hacia la parte alta del bar. Recuerdo muy bien la primera vez que subí aquella escalera y abrí la puerta. Éramos varios mozalbetes, en realidad todavía casi  chiquillos, que nos habíamos atrevido a ir a ver qué había allí atraídos por los rumores que nos llegaban a los que ya comenzábamos a pollear. Detrás de aquella puerta, por primera vez en mi vida, se me ofreció una visión espectacular. Un salón muy grande, diáfano, donde frente por frente a la puerta había una barra grande en la que había mujeres apostadas (todavía era temprano y no había comenzado la acción). El salón derrochaba lujo, o al menos a mi me pareció así, acostumbrado a la vida con estrecheces de aquellos años. Fue sólo un momento; el transcurrido desde que abrimos hasta que inmediatamente salió alguien a echarnos; pero fue toda una revelación, la demostración de que era verdad que ese mundo existía y ahora al menos sabíamos (más o menos) como era.



LA VENTA MARCELINO.- En la carretera de Cádiz, poco antes de llegar a Bellavista, estuvo esta venta que era todo un referente de las madrugadas sevillanas. Estuve sólo una vez a tomar una copa, ya que en realidad era un sitio que pillaba algo lejos si no tenías coche.

LAS SIETE PUERTAS.- Decía el Pali en una de sus sevillanas “Alameda bonita, tu no me llores, porque te hayan cerrado tus Majarones. Ponte contenta, porque todavía existe, tus Siete Puertas”. Yo no conocí las Siete Puertas en pleno apogeo. Estuve allí un día tomando una copa y por conocerlo cuando ya había dejado de ser lupanar y era un local de copas donde había billares. ¡Ay Pali, si levantaras la cabeza y vieras que aquello está ya convertido en apartamentos! Al menos han tenido el detalle de conservar los azulejos originales en su fachada.


 (Una curiosa foto de la barra de la Siete Puertas)

Las siete puertas fue el establecimiento de este tipo que más perduró en el tiempo en la zona de la Alameda, que en los años anteriores a la guerra civil se había convertido en la zona de ocio por excelencia de Sevilla.

EL OASIS.- En la carretera de la Esclusa; en tiempos recientes este local ha sido discoteca. Estuve allí dos veces, una de ellas viendo actuar a Diego de los Reyes.

VISTA ALEGRE.- En la carretera de Málaga, antes de llegar a Santa Aurela; esta sala también ha sido posteriormente discoteca en otras etapas. No la conocí como sala de espectáculos, aunque si que posteriormente fui un día a ver cantar a Diego de los Reyes y Ginés, y tuve ocasión de conocerla.

VIÑA BLANCA.- En la calle Feria, esquina a Plaza de los Carros; éste ha sido uno de los lupanares que más permaneció en el tiempo, ya que cerró no hace en realidad tantos años. A su entrada había una barra y un acceso a la sala de espectáculos, que era tremendamente curiosa, ya que simulaba a los antiguos corrales de comedias: una “nave” central con un patio con mesas individuales alrededor del escenario y en la planta alta como plateas que en realidad eran apartados para ver el espectáculo en agradable compañía, y lógicamente mediante pago de botellas de cava a precios de oro.

LA CONGA.- Estuve una vez en la Conga, pero fue hace tanto tiempo que ni tan siquiera soy capaz de ubicar exactamente cual era su emplazamiento, aunque creo que estaba en la calle Jesús del Gran Poder. No lo recuerdo muy bien, aunque si que me acuerdo del escenario, y esto no es fácil que lo olvide, porque el día que fui sobre él actuaba y medio se despelotaba una rubia espectacular. Nada de despelote completo, que todavía Franco estaba vivo

Este es mi pequeño homenaje a aquellos locales. No puedo decir que los eche de menos, ya que nunca fui asiduo de ellos, pero si que creo que era cuanto menos agradable que el comercio del sexo se envolviera en el bello papel de celofán que representaba el espectáculo, sobre todo porque podías perfectamente ir a ver el espectáculo y tomar una copa sin más. Lejos de lo que pretendieron  posteriormente las whiskherías y hoy en día los llamados club plaza, donde el sexo es la parte fundamental y el espectáculo inexistente.
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sábado, mayo 29, 2010

LA TROCHA. OTROS TIEMPOS

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“Otros tiempos” es el nombre de una sevillana; una sevillana mítica. Curiosamente sólo los verdaderos amantes de las sevillanas la identificarán por este nombre pese a ser tan conocida. Para el gran público es desconocida por su auténtico nombre, pero la cosa cambiará si se dice que estamos hablando de “Canela pura”. Su verdadero nombre le viene del estribillo del último de sus palos

Mi pensamiento
Sin querer se me va
Para otros tiempos.

Es de otros tiempos que vamos a hablar aquí, efectivamente. Aquellos tiempos, allá por los 70 en que una sala llamada La Trocha era un templo dedicado al cante por sevillanas principalmente, aunque no exclusivamente, y un grupo del mismo nombre que la sala(¿o la sala era del mismo nombre que el grupo?) llamado Los de la Trocha triunfaba y era tremendamente popular junto a los mejores, Los Romeros de la Puebla, Amigos de Gines y Los Marismeños.




Sólo recuerdo una sevillana que glosara a aquella importante sala. En el disco de 1.972 de Los Romeros de la Puebla había una sevillana titulada “Plazas de Sevilla”, cuyo último palo decía así.

Taberna de la Trocha
Por San Leandro

Sevilla del Tenorio
Conventos blancos

Aquí se guarda
Un cachito de feria
Aquí se guarda
Por reliquias de cante
Y de guitarra

Más allá de que es curioso que a esta mítica sala sólo le hayan cantado en una ocasión que yo sepa, la fecha del disco nos refleja sus años de apogeo. Efectivamente La Trocha estaba por San Leandro, concretamente en la calle Imperial y sus años de mayor gloria son los correspondientes a los de la década de los 70, Por allí pasaron los mejores grupos de sevillanas de los 70 además de contar con artistas “en nómina” como Juana la del Revuelo y en una etapa posterior el mítico Paco Toronjo, así como el más tarde afamado Pepe Moreno en el baile. No sé exactamente el año de su cierre, aunque si sé que reabrió sus puertas años más tardes en la Ronda de Capuchinos, ya sin el éxito de la etapa anterior, y que posteriormente, en la década de los 90 su propietario de siempre, Manuel Bernal, todavía intentó relanzarla otra vez, ésta en la calle Gonzalo Bilbao, pero el público ya no estaba por las salas de sevillanas y tuvo que cerrar pronto.

Manuel Bernal era el “alma mater” de esta sala, y también del grupo del mismo nombre, que componían además el incombustible Antonio Valencina; un todo terreno de las sevillanas que más tarde recalaría en Amigos de Gines; Manolo Romano; que más tarde formó parte de Brumas en los primeros tiempos de este grupo; y Leonardo y Antonio(no recuerdo los apellidos de estos dos últimos; espero que alguien con buena memoria refresque la mía).

Los de la Trocha nos han legado para la historia de las sevillanas unos títulos que forman parte por su calidad y reconocimiento en su momento, así como en todos los tiempos por los habituales del género, de la historia de las sevillanas. El ya nombrado “Otros tiempos” o “Canela Pura, “Canto andaluz”, “Requiebro a Sevilla”,  “Cuando la feria termina”, “Pensamientos míos”, y sin duda su mayor éxito a nivel popular, “Fue tu querer”, la adaptación a las sevillanas del concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Con respecto a esta última sevillana puede que haya mucha gente, en especial joven, que la haya escuchado versionada por otros grupos o solistas y estarán en un error respecto a su origen. Vaya desde aquí el homenaje a sus verdaderos intérpretes primitivos.

Los de la Trocha grabaron su primer disco en 1.973, como podemos ver fecha posterior al nacimiento de la sala, y grabaron un total de 11 Lps además de algunos singles. En 1.983 se separan, aunque reaparecen al año siguiente y graban un Lp en 1.984 bajo el nombre de “Canela Pura”. Con este nombre grabaron dos discos más hasta que después de un pequeño intervalo graban un último Lp en 1.989, otra vez con el nombre de Los de la Trocha, terminando con él su carrera.

Los de la Trocha interpretaron las sevillanas de forma verdaderamente peculiar. Sobre todo naturalidad. Lejos de todo el aparato musical que más tarde caracterizaría la música por sevillanas, las sevillanas más míticas de Los de la Trocha son 100% puras, fiel reflejo de las sevillanas clásicas.

Si Vd. es aficionado a las sevillanas, sobre todo si es aficionado joven, puede que no conozca a este grupo. No sabe lo que se está perdiendo.





Edito para dejar aquí un enlace de unas preciosas sevillanas que he subido a Goear, tanto por su musica como especialmente por su letra, y que el propio grupo Los de la Trocha dedicó al cierre de La Trocha de San leandro y posterior apertura en Capuchinos.

Ruego disculpen el sonido de fondo. Como deducirán facilmente es el ruído que produce la grabación de un antiguo disco de vinilo a un medio más moderno. Aunque algo molesto, es muchas veces la única forma de rescatar viejas joyas como ésta, y estoy seguro de quien sepa apreciarlas en lo que valen disculpará la pequeña molestia.



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domingo, abril 25, 2010

DE TABERNAS, BARES Y LUPANARES(II)

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Esta es la segunda parte de tabernas, bares y lupanares. De los bares tampoco hay mucho que hablar: existían antes y existen ahora. No han cambiado tanto en realidad, salvando el lógico paso del tiempo que hace que se cierren algunos y se vayan abriendo nuevos cada vez más modernos, cada vez con más oferta culinaria y también de bebidas. Desde la Zumbina de mis años de infante, pasando por la Mirinda, las gaseosas como La Casera y La Juncal del Betis y el Sevilla y los sifones y el tinto de casa Peisa, hasta los Kas, Fanta etc. de hoy, sin olvidar claro está a las sempiternas Coca-Cola y Pepsi, que estaban presentes antes y ahora, ni la estrella de los bares en esta nuestra Sevilla, la cerveza Cruzcampo. Pero las tapas de siempre siguen estando ahí: los garbanzos con bacalao, el menudo, los calamares a la riojana, los pescaitos fritos, los pavías. Si acaso se ha perdido en calidad, ya que en muchos bares te ponen artículos congelados que nada tienen que ver con los artesanos de entonces; o si no, díganme dónde se puede encontrar un  buen pavía de bacalao como los de antes hoy en día.   

Son muchos los bares que recuerdo que hoy ya no existen. Desde la referencia taurina por excelencia, Los tres Reyes en la calle Reyes Católicos, que cerró sus puertas hace relativamente poco para dar paso a un local de comida rápida, hasta el Bar Pepito en la misma calle, cerrado en mis años de infancia, y que tenía de extraordinario el hecho de tener una puerta también a la calle Segura por la que los chiquillos cortábamos para no dar la vuelta a la manzana(Los tres Reyes también tenía una salida posterior a la calle Almansa). Pese a ser muy pequeño recuerdo muy bien al propietario, Pepito, un hombre que a mi me parecía muy gordo y es porque sin duda lo era. Tenía un hijo que corriendo el tiempo llegó a ser gran figura en la halterofilia española, Pepe Gordillo.





Estos bares recuerdo que hoy ya no existen aparte de los dos mencionados:

El Parador del Rey, en la calle Arjona

El Bar Rona, en la calle Arjona

El Bar Colón en el Paseo de Colón, donde hoy en día ha cerrado sus puertas la Dorada

El Bar Luis en el Paseo Colón, en el edificio Todogoma

El Bar Ortega en la calle pastor y Landero

Un bar del que no recuerdo el nombre, dentro del mismo mercado de Entradores

El Bar Las Navas del Rey en la calle San Pablo

El Bar San Pablo, en la calle del mismo nombre

El Bar Arsenio en la calle San Eloy

El Bar Canalejas en la calle del mismo nombre

Los Gabrieles en Plaza de Armas



El único bar que existía entonces y sigue existiendo hoy en día, aunque reformado, es el que se llama en la actualidad Bar Reyes Católicos, en esa calle esquina a Trastamara. Antiguamente se llamaba Bar Albufera y recuerdo que fue ahí donde probé mi primer café de bar. Acostumbrado al café casero, mitad café y mitad cebada, me supo a gloria.

No me pregunten Vds. por algunos que son instituciones hoy en día, como El Cairo o Las piletas. No están aqui porque no existían todavía en la época de que hablo. Donde está El Cairo había una tienda de bicicletas y una peluquería de caballeros y donde Las Piletas, si no recuerdo mal, había un almacén de galletas.

Esto es todo sobre los bares. En la próxima entrega hablaré sobre los lupanares. Para los morbosos les diré que no esperen nada subido de tono. Solo hablaré de los locales que en aquella época existían para el deleite carnal, que por mucho que esto fuera una dictadura la profesión más antigua del mundo se ejercía, y no necesariamente en locales escondidos y de mala nota o dudosa reputación, como veremos.
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martes, marzo 23, 2010

Y LA SENSIBILIDAD SE HIZO SEVILLANA

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"Cádiz, tacita de plata, Cádiz Plaza de San Juan, Cádiz barrio de la Viña, Cádiz a la orilla del mar".

"Vámonos vámonos, pa Jerez pa Jerez, de la Frontera, que la Feria del Caballo empieza en Mayo, como flor de primavera"

Desde siempre Sevilla le ha cantado a Cádiz en sus sevillanas. Pero en Cádiz no eran muy aficionados a nuestras sevillanas. Por la causa que sea, Cádiz no había dado intérpretes significativos de sevillanas, salvo la gloriosa excepción que representaron Los Doñana y Salmarina y de la que hablaré en su momento.

Los de la Trocha cantaban una sevillana cuyo estribillo decía así: Si canta Malena, la mar se alborota, y baila la arena, de Cádiz a Rota.

Precisamente desde Rota nos llegó la aportación gaditana a las sevillanas, y... ¡qué aportación! Cuatro roteños que responden a los nombres de Miguel, Jesús, Paco y Juan Manuel grabaron en 1.984 su primer disco con el nombre de Ecos del Rocío. Ni su nombre ni los temas de sus primeros discos hacían pensar que iban a ser tan grandes y tan diferentes, si bien es verdad que allí había calidad, voces bonitas, y un tipo de sevillana distinta en su estructura…

Mi pueblo huele a Rocío
Huele a carreta
Marisma en flor
Anda métete el “vestío”
Amárrate el pañuelo
Nos vemos en el río
Búscame Rocío
Donde haya un tambor.

Pero aun no aparecían los rasgos característicos que iban a hacer a Ecos del Rocío grande entre los grandes. ¡El séptimo magnífico!

Poco a poco, Ecos del Rocío va decantándose hacía los temas que le daría auténtica popularidad. En 1.990 “Mi pequeño Manolillo” representa un éxito grandioso, y desde mi punto de vista es el punto de partida del estilo que Ecos implantará como propio y original en las sevillanas, cantándole a temas sobre todo humanos y de extrema sensibilidad. Cosillas de cada día, alegrías cotidianas, pequeños y grandes problemas….el amor, la familia, la droga, incluso el cáncer, y por encima de todo, la mujer. Ecos le ha cantado a la mujer como niña que hace la Primera Comunión, como novia a la que su padre saca de su casa del brazo, como madre que cuida amorosa a su hijo enfermo y como esposa amante después de 50 primaveras. Y no sólo han glosado de la mujer sus virtudes, sino que se han aliado con ella para denunciar mediante sus canciones al agresor de género y defender a la mujer maltratada. Siempre con una sensibilidad exquisita, siempre con un trato elegante,  Ecos del rocío ha tratado con profusión  estos temas, y no es extraño que ganara gran popularidad, especialmente entre el género femenino.

Que un hombre tiene que ser
Buen compañero y “marío”
Y vestirse por lo pies
¿De qué estará hecho el tío
que le pega a una mujer?



El disco de 1.992 representa el espaldarazo definitivo de Ecos. Contenía temas tales como “Hermano pasa de ella”, “María, “Las cincuenta primaveras”. “La gitana”, “Vente a mi casa”. Por primera vez Ecos saca un disco casi exento de temas tradicionales, y dedicado casi todo él a temas sociales: La droga con “Hermano pasa de ella”, los vientres de alquiler con “María”, La fidelidad en el amor con “Las cincuenta primaveras”, el racismo con “La gitana”, la emigración con “Vente a mi casa” y las separaciones matrimoniales y su impacto sobre los hijos con “Carmen Primavera”. Sin duda fue un disco redondo con 8 grandes temas. Después, el éxito rotundo, el fervor popular, la admiración y el agradecimiento del género femenino, el éxito sin precedentes, hasta el punto de ser los intérpretes de sevillanas que más discos han vendido en muchos años desde entonces. Trece discos de oro y dos de platino les alumbran.

Hay otra cualidad que no he reseñado: la sencillez. Estos cuatro genios del cante por sevillanas, que reconocieron cantando su admiración por sus en tiempos maestros y espejo en el que mirarse, y más tarde amigos, Los Romeros de la Puebla, son gente sencilla, hombres del pueblo llano a los que el éxito no ha cegado con su deslumbrante luz; y es por eso que cantan tan bien temas tan sensibles y delicados. Os pediría que sigáis siempre así, pero ni tan siquiera es necesario, ya que sé que no vais a cambiar a estas alturas.

Hasta aquí llegó a la reseña de los 7 grupos magníficos y El Pali. Pero todavía queda mucho que hablar sobre los intérpretes de sevillanas. Hay muchos que quizás mucha gente considere que deberían de estar en este grupo de grandes, aunque yo considero que quedaron un escalón por debajo. Y otros muchos con los que la gran mayoría coincidirá en mi apreciación de que quedaron un escalón por debajo. De ellos iré hablando en lo sucesivo.

Les dejo una sevillana de su primer disco, en 1.984, lejos aún de lo que sería el estilo que los encumbró.
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lunes, marzo 08, 2010

DE AQUELLOS COLEGIOS (II)

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Quedé en escribir la segunda parte sobre los colegios de antaño, y en especial sobre todo lo relacionado con el instrumental que tenía uno que llevar al mismo.

En primer lugar estaba el uniforme. Personalmente no lo usé salvo en el colegio de San Luis Gonzaga donde era obligatorio llevar un babi a rayas blanco y azul, que con mayores o menores variantes en las rayas era muy común  para muchos colegios. Sin duda eran mucho más vistosos los uniformes de las niñas, en especial los de las Irlandesas y las Esclavas. Se me ha olvidado citar, por si alguien no lo sabía, que en aquella época no había colegios mixtos. Como rezaba la canción, los niños con los niños y las niñas con las niñas, que lo contrario podía dar lugar a pensamientos pecaminosos. Así pues, aunque los uniformes femeninos fueran más bonitos y vistosos, los chicos sólo podíamos verlos pasar.

A cuento de esto que he citado sobre los uniformes, tengo que sacar a colación la dificultad que entrañaba vestirse decentemente en aquellos años. Por ejemplo, para confeccionar los babis de los colegios, se solía comprar la tela y si se sabía coser se hacía en la propia casa, o si no se buscaba una modista. Las modistas (que ejercían lo que hoy se ha dado en llamar economía sumergida, o sea, que cosían en sus casas por encargo para las vecinas, sin seguro ni nada que se le pareciera) en aquella época florecían por doquier; y era normal en un mundo en que coser era tremendamente necesario. Se remendaban los rotos en la ropa, principalmente en chaquetas, pantalones y vestidos, se cosían hasta los zancajos en los calcetines y las carreras en las medias, se arreglaban los zapatos y los paraguas como he dicho en post anteriores, y si se quería comprar algo ya confeccionado, cosa que normalmente se hacía antes de Semana Santa para poder estrenar el Domingo de Ramos (existía un dicho popular: “Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos”), se tenía que recurrir a la figura del ditero.




El ditero era uno de esos personajes habituales en las casas de vecinos. Seguramente porque yo lo veía acudir con bastante frecuencia a las puertas de los vecinos a reclamar su pago mensual es por lo que para mí era un personaje familiar. En mi inocencia infantil jamás asocié esa figura familiar a lo que en realidad era: un parásito, un ser detestable que aprovechaba la pobreza de la gente para enriquecerse exprimiendo su exiguo peculio hasta límites insospechados. Aunque bien mirado, esa figura no sólo existía cuando yo era pequeño, ya que seguramente ha existido en todas las épocas de la humanidad, y de hecho aunque enormemente cambiados y bajo una apariencia de gran respetabilidad siguen existiendo hoy en día, aunque su “modus operandi” ahora es intervenir en grandes operaciones y no en minucias como entonces.

En fin, que si querías estrenar el Domingo de Ramos o como consecuencia de cualquier otro acontecimiento, llamabas al ditero, y éste te firmaba un recibo a favor de la Nueva Ciudad, o de la Ciudad de Londres, e ibas allí, comprabas lo que querías y a cambio entregabas el vale, con lo que estabas declarando que eras un pobretón de solemnidad que tenías que recurrir a los diteros,  y luego el chupasangre te lo iba cobrando mes a mes, en cómodos plazos debidamente incrementados con un interés bestial.


(Cartera de cuero, usual entre los chiquillos en aquellos años en los colegios)

Pero bueno, esto iba de colegios y de artilugios propios de ellos. Tampoco es que haya mucho que contar, ya que lo que se llevaba era lo normal: bolígrafo, lápiz, goma de borrar Milan (nótese que hablo en singular, ya que esas cosas se compraban de una en una), cuadernos (que ya los había de una raya, de dos y cuadriculados), alguna pluma y su correspondiente palillero así como un papel secante, y los libros necesarios, generalmente el de Álvarez correspondiente al ciclo en el que estuvieras. Todo ello se portaba en una maleta. Mi maleta era heredada de mi hermano, eso si, recuerdo que de cuero, aunque algo ajado por el uso. Pero el artilugio que a mi me llamaba la atención sobre todos era el plumier. Yo tenía un plumier normalito, pobretón; por eso cuando algún chiquillo sacaba un plumier grande y alto que ante mi mirada atónita se desplazaba en sentido circular por su mitad exhibiendo majestuoso dos pisos, yo me moría de envidia.
    
                                       


Pero bueno, la envidia era solo un momento, ya que afortunadamente, y pese a lo duro de la época, los chiquillos siempre teníamos un gran aliado para no pensar nunca en penas: el juego. Y siempre había otros chiquillos dispuestos a jugar en grupo; en el colegio y en las calles del barrio. Es curioso que los chiquillos de grandes y vistosos plumieres solían ser chiquillos poco callejeros, de esos que sus padres iban a llevarlo a la entrada y recogerlo a la salida (cosa poco habitual entonces ya que la mayoría de chiquillos iba andando, y en muchos casos distancias bastante respetables). En fin, tal vez gozaban mucho de sus plumieres, pero se perdían la esencia de ser niño en aquella época: la vida en la calle, el juego en grupo, la camaradería y la amistad.

Y así, se pasaba el tiempo y se iba uno instruyendo para ser hombre de bien el día de mañana. Viendo cómo hoy en día cualquier chiquillo tiene miles de oportunidades que antes a muchos les estaban vetadas, y viendo además cómo muchos las desaprovechan o echan en saco roto las enseñanzas que reciben, escogiendo un camino poco claro, siento que la infancia de mi generación, pese a todas las dificultades, puede considerarse afortunada.
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jueves, febrero 18, 2010

DE TABERNAS, BARES Y LUPANARES(I)

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Unos establecimientos con los que un niño se familiariza desde su más tierna infancia son los bares, ya que están por todos sitios. Pero en los años de mi infancia no solamente había bares, sino que se repartían el protagonismo de forma por igual los bares y las tabernas. Hablo de tabernas de verdad, no de aquellos establecimientos que hoy en día dan en llamarse tabernas y que solo tienen de tales el nombre. Tabernas como las de antes quedan ya muy pocas. La bodeguita San José en la calle Adriano es probablemente el último bastión tabernero aun en pie de la Sevilla de mi barrio, ya que de las tabernas que conocí en los años 50-60 no queda ninguna en aquella zona. En Sevilla tabernitas como las del Salvador o Casa Vizcaíno en la calle Feria son auténticas, por lo escasas, perlas. Hace tiempo que no paseo por las callejuelas de La Macarena (Pedro Miguel, Divina Pastora, Palacios Malaver, San Luis, etc), pero estoy seguro de que en estos parajes será más fácil de encontrar joyas del pasado en forma de tabernas.



(La bodega San José en calle Adriano, en la actualidad)

Nótese que hablo de tabernas y no de bodegas. A estas alturas en que cualquiera abre un establecimiento hostelero y le denomina taberna, bodega, abacería o casa de postas es muy fácil confundir una cosa con otra. Las tabernas de aquellos años eran establecimientos distintos a las bodegas y a los bares. Básicamente la diferencia estaba en que los bares podían servir café y las tabernas y bodegas no, pero mientras que en las tabernas prácticamente sólo se bebía, en las bodegas acompañaban el líquido elemento con algún tipo de condumio, y el producto estrella, almacenado en barriles, eran los vinos. Como ejemplo de las antiguas bodegas, tenemos todavía algunos establecimientos en Sevilla como Morales, Góngora o Díaz-Salazar (todavía existen). Estos establecimientos podríamos denominarlos bodegas urbanas, mientras que las bodegas más rancias, las grandes de sagrado silencio y altos techos estaban fuera de Sevilla, por ejemplo Gaviño en La Pañoleta, Góngora en Villanueva o Salado en Umbrete. Tampoco meto dentro de esta categoría de taberna a establecimientos reconvertidos, como por ejemplo El Rinconcillo, sin duda el más antiguo de Sevilla, pero lejos hoy en día de parecerse a una taberna de las antiguas.

Esas extrañas joyas hoy en día casi desaparecidas eran lugares para beber. Como es natural su clientela eran exclusivamente hombres y rara vez se aventuraba una mujer a entrar en una de ellas; tanto es así que recuerdo que tanto yo como la mayoría de chiquillos varones éramos los encargados de ir a ellas cuando en casa se necesitaba un vasito de vino para la comida o uno de ginebra para el dolor de barriga. Al entrar en uno de aquellos establecimientos te daba un olor característico, de los que ya se sienten poco, mezcla del aguardiente y coñac servidos por las mañanas, del vino del resto del día y del serrín que generosamente se echaba en el suelo, y que solía estar lleno de huesos de aceituna o de cáscaras de cacahuetes, que era lo único que se ponía para picar. Tras el mostrador un camarero, camisa blanca, mandil blanco a la cintura y tiza a la oreja, que la tiza era un elemento indispensable para ir apuntando en el mostrador de madera las cuentas de los clientes, que en aquellos tiempos no había mostradores de aluminio todavía.

Había una tabernita en la calle Segura, en la accesoria en la que más tarde nació Auto Recambios Segura, (una empresa ésta que con el tiempo se ha convertido en una empresa de solera en Sevilla). Su propietario se llamaba Joaquín, y era de algún pueblo de Huelva. Vendía mucho ya que el Barranco estaba muy cerca y los pescaderos eran clientes habituales, como también lo eran de los dos quioscos de la calle Arjona, de los cuales uno todavía existe aunque reformado y el otro se trasladó también reformado al lado de la nueva estación de autobuses y se llama Los Cosarios.

En la calle Marqués de Paradas había otra taberna; esta era más grande y estaba casi en la confluencia con Reyes Católicos, donde hoy en día se ubican el Banco de Andalucía y Cajasur. Y luego estaban las de calle Adriano, la ya mencionada San José, y otra en la esquina con López de Arenas que ha estado abierta hasta hace pocos años.

Seguro que me he dejado atrás algunas, probablemente muchas, pero yo era entonces un chiquillo y no frecuentaba esos establecimientos, por tanto sólo puedo acordarme de los que me cogían muy cerca o de los que han sobrevivido.

Probablemente no aportaban mucho, ni eran edificantes, aunque si que tenían su razón de existir en un mundo en el que eran la única salida para los jornaleros que volvían después de un duro día de trabajo y no disponían de dinero para ir a otros establecimientos mejores. La gran mayoría de gente hoy en día tildaría aquellas tabernas de cutres, pero yo me alegro mucho cuando paso por algún sitio que no frecuentaba y veo que alguna de ellas aún sigue en pie y tal y como estaban entonces.




(Bodega Vizcaíno en calle Feria)

Si conoce alguna, hágame un favor: al pasar párese un momento, tómese algo y deléitese con esa joya del pasado. Contribuirá a que siga abierta, y sin duda observará cosas que le agradarán profundamente.
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viernes, febrero 05, 2010

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

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Esta frase como todo el mundo sabe está sacada del Quijote. Don Quijote y Sancho antes de dar comienzo a su segundo viaje deciden visitar El Toboso para ver a Dulcinea y literalmente se topan con los muros de la iglesia. El sutil humor cervantino deja abierto al pensamiento todo aquello que representaba topar con la iglesia en aquellos tiempos, y no literalmente. Pues bien, en la época de mi niñez también se topaba con la iglesia permanentemente.

 La iglesia tenía en aquella época un papel preponderante en lo cotidiano, y a los niños se les educaba en la creencia en Dios y en el cristianismo, así como en el respeto a todo lo sagrado, incluida la iglesia como institución. Para hacerse una idea de esto, baste con citar que donde quiera que estuviéramos los chiquillos si veíamos venir a un cura por la calle inmediatamente íbamos a besarle la mano. Recuerdo innumerables veces en que los chiquillos estábamos inmersos en cualquier juego, y se abandonaba para besar la mano del sacerdote, y a continuación se retornaba a él en el mismo sitio en que se había abandonado por la perentoria y obligatoria necesidad. Tal era el sentir cristiano, que en aquellos tiempos si un  chiquillo le escupía a otro se le decía judío; era costumbre y los chiquillos simplemente lo decían sin pararse a pensar del por qué de ese insulto. Está claro que tenía que ver con el hecho de que los judíos escupieron a Jesús.


Recuerdos acerca de esto tengo muchos. Algunos resultarán increíbles a los jóvenes. Por ejemplo ¿alguien creería que existía gente que iba por las casas llevando un altar ambulante? Tal y como suena. Se trataba de una caja rectangular de madera con el frontal de cristal sobre el que se abatían dos puertecitas también de madera para transportarla cerrada y evitar golpes al cristal, Este altar iba de casa en casa y permanecía en cada una de ellas uno o más días (esto no recuerdo bien como se regía). Lo cierto es que el altar llevaba una especie de cepillo cerrado con una abertura para que cupieran monedas o billetes. Éste era el costo de tener la capilla en casa, echarle al cepillo la voluntad. Supongo que en aquellos tiempos era importante no ser tacaño con estos asuntos, como supongo también (esto nunca lo supe) que el propietario del altar era la iglesia, aunque bien pudiera ser que me llevara una sorpresa con ello si algún día supiera la verdad.

Hoy en día es muy difícil encontrar alguien que lleve un escapulario. Para el que no lo sepa, un escapulario era como un collarcito de cuerda que llevaba en cada uno de sus dos extremos pequeñas estampas de santos plastificadas. O bien se llevaban permanentemente colgados, o bien las madres se las ponían a los hijos en las ocasiones, por ejemplo un examen.




Era costumbre escuchar frases que actualmente están en desuso (abriré un post exclusivamente para estas frases más adelante), tales como “ánimas del purgatorio” o  “la divina providencia”.

Y uno de los signos visibles más singulares era el respeto a los muertos. Desde el luto, que se observaba rigurosamente durante un periodo de tiempo bastante largo, hasta las tradiciones del día de difuntos, algunas de ellas casi perdidas hoy en día, como la de encender mariposas y otras que siguen existiendo aunque vayan en franca decadencia, como la visita al cementerio para blanquear los sepulcros y adornarlos en esas fechas. ¿Qué dice? ¿Que por qué se le metía fuegos a esos animalitos de tan vistosos colores? No, ni mucho menos. Una mariposa era un pequeño cabo que atravesaba un pequeño círculo de cartón, necesario para que el invento flotara en aceite. Se disponía una tacita, se le echaba aceite, se ponían en ella una o más mariposas (dependiendo del número de muertos al que se recordara), se les prendía fuego y se ponía la taza delante de la representación de algún santo, normalmente el Corazón de Jesús o la Inmaculada Concepción.

Para entrar a las iglesias las mujeres necesitaban ponerse un velo sobre la cabeza. Y algunas mujeres llevaban velo negro permanentemente en señal de luto. Ni que decir tiene que acudir a misa los domingos y fiestas de guardar era, si no obligatorio, sí bien visto.

En las procesiones la presencia clerical era mucho más notable que hoy en día. Pero la procesión que a mi me parecía más singular era “Su Majestad”. Se llamaba Su Majestad a una procesión en la que el sacerdote de una parroquia recorría las calles de su feligresía para dar la comunión a los enfermos e impedidos que no podían acudir a la iglesia. Sin duda una loable acción, solo que iba acompañada de una parafernalia impropia, en la que lo que destacaba sobre todo era el palio que cubría al sacerdote. La gente de aquella época recordará que fue notable el enfrentamiento que el Cardenal Segura mantuvo con el General Franco porque éste iba bajo palio a algunos actos, y la iglesia consideraba el palio de su uso exclusivo.


(En algunos pueblos del Aljarafe aún sale la procesión de Su Majestad)

En días en que desde los medios oficiales existe un ataque feroz contra todo lo religioso, este recordatorio sólo es una muestra más de cuánto han cambiado los tiempos en tan solo 50 años. En absoluto es una nostalgia; sólo una exposición de hechos pasados.
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martes, enero 26, 2010

EJERCIENDO SEVILLANIA

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En el año 1.978 las sevillanas ya estaban definitivamente consolidadas en el panorama musical andaluz, e incluso comenzaban a introducirse poco a poco en todo tipo de ocasiones bailables (bodas, celebraciones, discotecas) en el resto de España. El camino que comenzaron a andar los Hermanos Toronjo se llenó pronto de innumerables viajeros. Algunos se convertirían en  míticos como los ya nombrados Hermanos Reyes, Romeros de la Puebla, Marismeños, y Amigos de  Gines, mientras que otros o bien quedaron en el largo camino que iban a emprender estas sevillanas, o incluso algunos como Los Maravilla han llegado a nuestros días pero con más sombras que luces; grupos que normalmente han sido reconocidos y ampliamente escuchados en Sevilla y la zona de influencia de las sevillanas, pero que no lograron dar ese pasito necesario para ser figuras reconocidas a nivel español al menos. De entre los que se quedaron en el camino son de destacar Los de la Trocha y Los Choqueros.

1.978 es el año en que unos muchachos agrupados bajo el nombre artístico de Cantores de Híspalis graban su primer disco. Quizás ellos ya supieran que iban a revolucionar el mundo de las sevillanas. Por supuesto que nadie más lo sabía; en realidad era incluso bastante difícil de intuir con sólo oír sus primeros discos. Lo que si podía saberse ya desde el primero era que allí había originalidad, había creación, un sello propio. El alma del grupo era Pascual González, que no estuvo desde el primer momento en que se llamaban Los Macarenos; sin duda su incorporación, que marcó también el cambio de nombre a Cantores de Híspalis fue lo que le dio ese sello distintivo al grupo.



Cantaré, hasta que Dios me de fuerzas, para poder llevar, a todos los rincones, mi guitarra y mi cantar.

Aire, con el aire aire y aire, que “to” er mundo se emborrache, de cante y baile

Libre, quiero ser libre, como en el campo un jilguero, como el agua cristalina, espejo de un arroyuelo.

Costalero de Sevilla, que orgullo debes llevar, el costal la zapatilla, y la faja reliá

Sevilla es tuya niño, aprende a amarla, que es tu madre tu novia y tu amiga, reina del alma

A Sevilla, a su Semana Santa sobre todo, al cante, al baile, a las plazas, a los rincones, a la Feria, a los amigos, a la libertad, a los niños, incluso a los gatos y a los animales, a la mujer y al amor, a Sevilla, a Sevilla, a Sevilla. Los Cantores le cantaron sobre todo a Sevilla. Nadie podrá dudar de que estos artistazos han sido los que han llevado más a gala en su trayectoria el amor a Sevilla y sus cosas. Los que más y mejor han ejercido la sevillanía de entre los de su género.

Pero estas sevillanas aun siendo originales y diferentes, aun siendo sevillanas que llegaban al público con facilidad no dejaban entrever todavía lo que Cantores iba a lograr en el mundo de las sevillanas. Su trayectoria se fue llenando paulatinamente de espectáculos cada vez más originales y más grandiosos.

La década de los 80 contempla el grandioso boom de las sevillanas. Multitud de grupos, solistas y coros aparecen en el panorama de las sevillanas dándole una dimensión totalmente desconocida hasta entonces. Las sevillanas se enseñorean de todas las fiestas y celebraciones en todos los rincones de España. Pero de entre todos los grupos, Cantores brilla con luz propia. Sus grandiosas puestas escénicas traspasan fronteras y triunfan en todo el mundo. Se suceden unos tras otros los premios, los discos de oro y platino, incluso un premio continental europeo, las actuaciones en todo el mundo. Orquestas mundialmente conocidas se disputan el privilegio de grabar con estos cuatro iluminados, Pascual González, Rafael Ojeda, Juan Luis Calceteiro y José Antonio Rúa, que llegan incluso a grabar un disco acompañados por la Orquesta Filarmónica de Londres.

Quizás murieron de tanto éxito. En los 90 el grupo se separa aquejado por problemas internos. Pero la maravillosa huella de su grandioso quehacer ha quedado grabada en discos y vídeos para goce de todos los aficionados a las sevillanas.

Ah, por si no lo he dicho antes, este es mi sexto grupo grande, entre otras muchas cosas porque nadie ha sabido ejercer la sevillanía como ellos.

Aquí les dejo algo precioso

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domingo, enero 17, 2010

PEQUEÑAS GRANDES INCOMODIDADES(II)

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Si a cualquier mujer de hoy en día le dijeran que tiene que lavar la ropa a mano, y para tal menester le dieran un refregador de madera y un lebrillo, amén de una pastilla de jabón , seguramente se sentiría muy desgraciada. Pero así es como se lavaba antes.



En las casas de vecinos, el lugar común de reunión además de la puerta de la calle en las noches de verano, era el patinillo. En él coincidían a menudo las mujeres para hacer la colada, y en él se vivían desde ratos inconmensurables de risas y cotilleo hasta sonadas peleas.

Aunque se lavaba con menos frecuencia que hoy en día, merecía la pena el olor de ropa lavada a mano que emanaba de aquella colada una vez secada al sol y planchada. Para secarla al sol existía la azotea, que las casas de vecinos con poco patio solían tener, y para planchar existían desde planchas de hierro que había que calentar al fuego de carbón hasta planchas eléctricas. En mi casa había una como la de esta foto,



Y hablando de electricidad tenemos otra incomodidad de las grandes. Los cortes de luz eran numerosos. La luz se iba y no tenías ni idea de cuándo iba a volver. Y nada de reclamarle a la Sevillana por la comida que se te había echado a perder en el frigorífico, ya que no había frigoríficos. La instalación eléctrica partía desde el contador, que solía estar dentro de cada casa, e iba por toda la casa a cable visto, pero nada de cables delgados como los de hoy en día, sino gordos y feísimos. En el lugar de encendido terminaba cada extensión del cable en un interruptor de los de pellizco. La luz en aquellas casas era de 125 voltios. Cuando comenzaron a aparecer aparatos de 220 era necesario comprar junto con ellos un elevador, que se trata de un cacharro cuyo verdadero nombre creo que es transformador de corriente

Las casas de vecinos en aquellos entonces (nótese que hablo de casas de vecinos, no de corrales) estaban configuradas normalmente teniendo como base un largo corredor central, a cuyos dos laterales se alineaban las habitaciones. En algún lugar de ese corredor nacía la escalera que daba a las plantas altas, las cuales también se solían componer de un pasillo con habitaciones a ambos lados, pero que nadie piense que había simetría. Las habitaciones no se parecían unas a otras en absoluto; de hecho en la misma casa una habitación podía componerse de dos o tres piezas y cocina y otras eran solamente una habitación propiamente dicha.

En algún lugar de esos pasillos, normalmente cerca de una pileta o pila que todas las casas solían tener, estaba el WC, que era común para todos los vecinos de esa planta. Sin ninguna duda, de entre todas las incomodidades que podré contar ésta era la peor, la más dura. El WC podía tener taza o como en algunas casas que conocí ser simplemente el típico agujero en el suelo y dos planchas con forma de zapato donde aposentar los pies para agacharse. ¿Por qué estaban cerca de la pileta o pila? Pues porque no tenían cisterna. Para ir a hacer sus necesidades, cada vecino debía de pertrecharse de un cubo en el que recoger agua para limpiar el WC después de defecar, y también del correspondiente “papel higiénico” que no era otra cosa que papel del periódico. Ya siendo yo un mozalbete apareció el papel higiénico del elefante, que representó todo un descubrimiento de la época, aunque en comparación con los papeles de hoy era bastante tosco y nada suave.



Este ha sido el capítulo 2 de pequeñas grandes incomodidades. ¿Creerán Vds. que no soy capaz de pergeñar un tercero?

Déjenme pensar. Seguro que encuentro bastantes más incomodidades.
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viernes, enero 08, 2010

DE AQUELLOS COLEGIOS(I)

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Dije posts atrás que iba a versar sobre los colegios. Bueno, mejor diré que sobre los colegios que conocí, que sólo fueron cuatro, y el primero ni tan siquiera podía llamarse propiamente como tal.

A buen seguro yo no soy nada versado para hablar de los colegios en general, y digo esto porque todo el mundo se ha sorprendido hablando de los colegios de antaño de que yo nunca haya cantado el cara al sol. Al parecer se cantaba en todos los colegios públicos de la época, pero yo nunca lo canté, ni de hecho se cantaba en los colegios que estuve.

Mi primer colegio fue lo que en aquellos tiempos se conocía como una “amiguilla”. Nunca he podido saber la procedencia de esta denominación. Una amiguilla era una escuela para niños pequeños, normalmente montada en alguna dependencia de una casa donde solía vivir el maestro/a. Era el lugar donde los niños aprendían sus primeras cosas, tales como hacer palotes y los números y letras. Para que se vea como el lugar, aunque se impartiera enseñanza en él no era realmente un colegio, baste con decir que no había sillas ni bancas. Cada niño llevaba su propia sillita.

En mi caso, este colegio fue el de Doña Carmen, en la calle Reyes Católicos. Doña Carmen era una mujer muy mayor, o al menos a mi me lo parecía (pelo cano, vestido negro; lo normal en aquella época en las mujeres viudas), a quien ayudaba una señorita de la que no recuerdo su nombre.

Mi segundo colegio estaba en la calle Gravina. Un solo profesor, Don Benjamín, un hombre también mayor, pelo cano, traje oscuro, bigote, bufanda casi siempre y un porte elegante que denotaba clase (quizás procedencia de buena familia). El aula, al igual que en la amiguilla, era una habitación de la casa, aunque esto ya si se parecía a un colegio, con bancas, bancos, etc., pero bancas de las antiguas, de las que tenían un agujero para un tarrito de tinta y una hendidura para el palillero. Don Benjamín vivía (creo recordar) solo acompañado de una hermana suya. La verdad es que tengo buenos recuerdos de aquel colegio ya que Don Benjamín dentro de su rectitud era una excelente persona.

Mi tercer colegio fue uno denominado San Luis Gonzaga, en la calle Trajano esquina a la Alameda de Hércules, frente a la academia de baile de Realito. Esto ya era un colegio donde incluso se impartía enseñanza superior. Afortunadamente sólo estuve allí un año. Todos los palos que tenían que darme en mi vida, incluidos los correspondientes al día de mi muerte, me los dieron en aquel colegio. Todos los profesores, comandados por un director llamado Don Manuel a quien el diablo habrá recogido en sus dominios, ya que no imagino a alguien tan malvado como él entrando en la gloria, iban armados de unas palmetas gruesas, macizas, con las que por cualquier nimiedad te ponían las manos totalmente moradas a palos. Tal era la mala leche de esta gente que incluso a un chaval que había con una deformación de nacimiento (una mano deformada con sólo dos o tres dedos retorcidos y unidos entre si) le pegaban en la mano. Recuerdo los nombres de esta gentuza e incluso del chaval de la mano deforme, pero no los pondré aquí por motivos obvios.



(La primera puerta que se aprecia en esta foto era la de entrada al colegio San Luis Gonzaga. El edificio, hoy en día de pisos y locales comerciales continúa tal cual).

Mi cuarto colegio, al que pude acceder gracias a becas, era todo un señor colegio, y nunca me sentí tan feliz como al ingresar en aquél colegio señor, donde la diferencia de trato con el anterior era como de la noche al día. Se trataba de San Francisco de Paula en la calle Sor Angela de la Cruz (hoy Santa Angela), que todavía existe, que pasaba en aquellos entonces por ser el mejor colegio de Sevilla, y que sin duda sigue estando entre los grandes hoy.

Sólo tengo buenos recuerdos de San Francisco. Desde el director, Don Luis Rey Guerrero y su hermano D. José, su hijo y su esposa, Don Luis González y su esposa y todo el elenco de profesores: D. Germán, D. Nicolás Gelo, D. Juan Plata, D. Manuel Pérez Cerezal, D. Julio Mínguez, D. Manuel Sánchez Asensio, D. José Ferrer, D. Federico, el Padre Cruces, D. Salvador y la Srta. Nani, D. Juan Francisco, y hasta Feliciano y Pepito, los porteros de la portería. Todos eran personas amante de su profesión y  celosas de transmitir a los estudiantes sus conocimientos para que se hicieran hombres de bien.

Me he extendido mucho en los colegios y sus profesores. No me ha dado tiempo para contar qué pasaba en aquellos colegios ni todo lo que nos rodeaba en aquellos difíciles tiempos, así que dejo esto abierto para una segunda parte.

Por otra parte, también será necesario contar qué se estudiaba entonces. La realidad es que la enseñanza ha cambiado mucho, ganando en exigencia y seguramente en efectividad, pero perdiendo en modales y buenas costumbres.
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